Ingresa al ruedo bajo un sol entreverado de aire y fuego. Enseguida clava pezuñas y perenne esperma sobre la arena. Veo su erguido pecho albergando una bóveda inmensa. Sorpresa siento cuando mueve la cola jubilosa, tal como haría cualquier perro. Suena música festiva que incita al público. Un grupo de toreros de segunda línea saltan al campo y comienzan a agitar capas de vivos colores. Se acerca para contentarlos. Sin más lo desairan escondiéndose tras unas sobreparedes de madera. De pronto aparece un caballo enfundado aparatosamente. El jinete que lo monta cubre una desmedida porción de cielo. La banda musical cambia el ritmo por otro de mayor suspenso. Entusiasta embiste al caballo contra su costal más visible, de donde queda enganchado. El jinete aprovecha que está inmóvil para hundirle profundo una especie de lanza obstinada sobre el lomo desprotegido. Un chorro de sangre viril comienza a brotar con fuerza; brillante y luminosa va cubri...
Pensamiento Carretel