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Remington

 

    Nueva York, Estados Unidos, 1839. Fundación de la empresa Remington. Se inicia fabricando rifles de carga rápida. Años después utilizó esos mismos hierros forjados para realizar un nuevo producto: la máquina de escribir.

    Las utilidades de la empresa aumentaron considerablemente durante la guerra de la Secesión. En 1869 hubo un pedido grande desde el sur del continente. Llegaron a Buenos Aires 5000 rifles acompañados de unas 20 máquinas de escribir.

    El general Julio Argentino Roca los utilizó para exterminar indios de la zona pampeana y la Patagonia. Había necesidad urgente de tierras para el pastoreo. Inglaterra y los terratenientes bonaerenses estaban deseosos en agrandar el negocio for export de cueros y carnes.

    Los rifles utilizados hasta entonces no permitían un tiempo oportuno de recarga y el indio que no era herido de gravedad, apenas veía el humo rodeando al tirador se lanzaba con ánimos de ultimarlo. De ahí la frase: “Se le vino al humo”. Semejante precariedad tecnológica y un ejército ocupado en la guerra del Paraguay fueron unas de las razones para que no hayan sido aniquilados con anterioridad.

    Sarmiento fue uno de los primeros en estudiar tan novedoso artefacto. Dispuso sus lechosas y descomunales manos sobre el teclado <qwerty>, el mismo que se mantiene al día de hoy en todos los dispositivos electrónicos. Bartolomé Mitre escribió la historia oficial en aquellas precarias Remington; acaso se olvidó de acentuar que el uso de esos rifles instaló un etnocidio y que apoyando las yemas en aquellas teclas se redactó el adecuado marco jurídico para asegurar la tenencia de vastas tierras en pocas familias.

    Así se fundaba la Nación Argentina.

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Arquetipo

              Esta historia la oí en el Café Brasilero , uno de los bares más antiguos de Montevideo. Hubiese sido preferible que la escuchara Eduardo Galeano, pero ya había fallecido hacía años. En una de las mesas contiguas alguien comenzó a contar que un amigo veía a su hijo correr y patear una pelota imaginaria por toda la casa. El botija hacía gestos inestables y festejaba goles de cara a las paredes. El padre siempre le regalaba libros y juego didácticos. Sin embargo, para ese cumpleaños eligió comprarle una pelota de cuero profesional. El hijo la agarró no muy convencido y se fue a jugar al patio del fondo. Al otro día el padre volvió de la oficina y encontró la pelota abandonada en un rincón y a su hijo jugando nuevamente con la otra. Se le paró enfrente e indagó: ¿Qué ocurre que no usas la que te regalé? El hijo levantó apenas los hombros anticipando su respuesta: Es muy bonita papá, pero ésta es más liviana y la domino mejor.

Retorno

  El hombre pudo vencer sus temores y abandonó las cuevas. Fue entonces cuando admiró estrellas, ideó dioses, mitigó piedras, elevó ciudades, flotó océanos, acuñó monedas, coloreó lienzos, procuró el amor, anheló desmesura, suspiró poesía, fabricó artilugios, animó guerras, derrochó champagne y calentó pan duro. En este preciso momento, encerrado en una habitación sombría, alguien observa el techo desde su cama sin poder dormir.

Contenedor Abierto

       En la boca despejada de la noche, una sombra abre la tapa y se asoma al contenedor de basura. Entre los desperdicios distingue media hamburguesa. Doblega su anatomía lo suficiente para ingresar a buscarla. La acaricia antes de darle, pese a notarla fría y manoseada, un primer mordisco visceral. Mientras mastica alcanza a entrever, casi sepultadas, una mesa y una silla. Se sienta a terminar de cenar cuando encuentra una cocina iluminada y, por el fondo, un jardincito con el pasto recién cortado. Sale de la casa a tirar la basura para mantener el aseo. Apenas pisa la calle comprende que se ha olvidado las llaves adentro y la noche que le espera.