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Entradas

El Corredor

          Acaba de dejar atrás la última posta de hidratación. Resta, entonces, el tramo final de la maratón, aquel donde la mente surca conjeturas inverosímiles y las piernas se vuelven dos anguilas nerviosas. Ignora si la culpa la tuvo el agua, cuando sufre calambres severos en el estómago. Las calles pedrosas de esa ciudad extrana se estampan de bruma. Pese a tener la visión borrosa puede observar, al costado del camino, a una jirafa galopando desbocada y, más atrás, a un león que acecha riguroso. Los reflejos ya le son ajenos a su voluntad, pero continúa en la búsqueda de la añorada cinta horizontal. Durante el trayecto atraviesa una aldea como tantas, como la suya. Confundido nota que ahora corre descalzo, quien sabe desde hace cuantos kilómetros. De pronto, inesperada, siente sobre su hombro la mano suave del brujo congo. Enseguida le anuncia que se detenga, que ya ha llegado a su meta .
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Gusanos

       Primeramente los soñé o, acaso, fueron producto de mi torpe imaginación. Después llegaron a materializarse, si es que se puede llamar materia a esa pasta blanquecina y aguachenta. En medio de la oscuridad comencé a sentir como se deslizaban por entre los dedos de los pies, dejando a su paso una huella tibia de baba. Esa misma noche fueron precipitándose desde las piernas, logrando diseminarse por el resto del cuerpo. Recuerdo como uno morrudo se afincó en el ombligo y permaneció como amotinado. Más espanto experimenté cuando varios alcanzaron la cara y acariciaron la comisura de mis labios. No pocos ingresaron por los huequitos de la nariz, generando la mayor alerta. Al poco tiempo advertí que atravesaban la cornea de los ojos, de adentro para afuera, hasta magullar la zona. Esa fue la cruda señal de que ya eran parte de mí.

Gemelos

       Se le puso enfrente y comenzó con la infame pantomima de siempre. Imitaba todos sus movimientos y cada uno de sus gestos. Le pidió que se detuviera y el otro replicó lo mismo. Tanta parodia espontánea terminó por agotarlo y le reventó  una trompada de lleno en el rostro. El estallido de los cristales no le desagradó. Mientras la mano cortada y la sangre impaciente iban tiñendo la alfombra sintió el atroz alivio de volver a ser hijo único.

Bombero

           Un día dijo que de grande quería ser bombero. Los padres le consiguieron el casco, un traje de su tamaño y la manguera. Después armaron su habitación en los altos de la casa. En el piso hicieron un agujero redondo e incrustaron un tubo en el medio. Todas las mañanas prendían fuego en la planta baja y activaban la sirena. El hijo abandonaba la cama aferrado a la manguera mientras se ponía el traje. Desesperado se deslizaba por el tubo para apagar el incendio. Luego desayunaba y partía hacia la escuela.      Aquella mañana olvidaron que se había quedado a dormir en la casa de un compañerito. Al regresar se tropezó con las cenizas de su traje, de su casco, de su manguera, de los sueños abrazados por sol que todo lo antecede.

Teléfono Fijo

       Se acercó el gerente de la empresa en persona.  Le explicó que era la única casa con teléfono fijo (uno negro de baquelita) que aún quedaba en la ciudad. Habló de costos y logística, también utilizó la palabra despropósito. Una anciana le contó que su hijo había desaparecido durante la última dictadura cívico militar y se sabía el número de memoria. Va a conservar la línea por si un día la llama, como antes.

Conquista Copera ⦍1983⦎

       Cuando Claudio Crocco convirtió certero cabezazo contra club Colo Colo, Caballito, comuna céntrica, celebró convulsionado. Cancha con capacidad colmada. Cacho, camiseta cinco, continuó corriendo cual cerril caudillo, combatió cada cuero circular con colosal coraje. Cúper cegó cualquier conato chileno. Cañete comandó comprometedores contraataques. Como ciclópeo carrilero, Ciruja cercenó costado contiguo. Colegiado, colgando cronómetro consumido, concluyó cotejo. Comentaristas comunicaron: considerable conquista copera.

La Cosa

       En el tallo fértil de la noche, un grito irrumpió en el dormitorio matrimonial. Provenía desde el cuarto de su pequeño hijo. Abandonaron el codicioso laberinto carnal en que se encontraban para acudir lo antes posible. Había visto algo extraño moverse y estaba aterrado. Para tranquilizarlo revisaron bajo la cama, el interior del ropero, tras las cortinas, en la caja con juguetes. Ante tamaña evidencia, el hijo fue calmándose hasta quedar dormido. Regresaron rendidos al dormitorio matrimonial. Ninguno de los dos padres supo, ni siquiera imaginaron, que ya la tenía escondida adentro, para siempre.

Diferencia

  A Cipe Lincovsky      Primero vinieron por Bertolt Brecht, pero como yo no era Bertolt Brecht, ni me preocupé. Luego no vinieron por nadie más. Parece que la cosa era nomás con él.

Contenedor Abierto

       En la boca despejada de la noche, una sombra abre la tapa y se asoma al contenedor de basura. Entre los desperdicios distingue media hamburguesa. Doblega su anatomía lo suficiente para ingresar a buscarla. La acaricia antes de darle, pese a notarla fría y manoseada, un primer mordisco visceral. Mientras mastica alcanza a entrever, casi sepultadas, una mesa y una silla. Se sienta a terminar de cenar cuando encuentra una cocina iluminada y, por el fondo, un jardincito con el pasto recién cortado. Sale de la casa a tirar la basura para mantener el aseo. Apenas pisa la calle comprende que se ha olvidado las llaves adentro y la noche que le espera.

Souvenir

       Las tribunas desbordadas. Partido decisivo. Un paso, apenas, para alcanzar la gloria. Tensión nerviosa y pierna fuerte. Los noventa minutos terminan empatados. Habría entonces alargue y gol de oro. Para darle aire fresco al equipo ingresa el Pichi Díaz, un juvenil de inferiores que hace su debut en primera. Al minuto, se escabulle en el área y bate al arquero. Pitazo final y campeones. La hinchada, como un tsunami de gliptodontes, invade el campo de juego buscando quedarse con un souvenir del Pichi; el nuevo ídolo. Enseguida comienzan a quitarle la ropa, incluídos los calzoncillos, hasta dejarlo completamente desnudo. Luego, lo que pocos quieren recordar: comenzamos a quitarle otras cosas. No quedó nada del Pichi. Yo, tras forcejear con varios, me llevé la mano que apretó bien fuerte para festejar el gol.

Cruz y Fierro

           El cordón policial arremete contra los jubilados hasta arrinconarlos sobre una porción candente de la Plaza. Cara a cara quedan una anciana y un joven policía de ojos claros. A ella le cuelga una cruz; al otro el fierro. Con venas explotando le grita su lucha, también que podría ser su abuela. La oye en silencio y, a lo mejor por algún resorte emocional que lo espeja a la anciana, se le van poniendo brillosos los ojos. En el reflejo oscilante de sus miradas se arrima la palabra rebeldía, también Cristo. Parece que va a trastabillar una de sus pupilas claras. De repente, inesperado, un bastonazo que viene desde atrás le sacude el rostro a la anciana. El joven policía pestanea febril a la vez que levanta maquinalmente el suyo, apaleando a cuanto jubilado se acerca a socorrerla. Luego humo de gases, ardor, asfixia. Hoy ya no volverán a verse; tal vez el próximo miércoles.

Veraneo en Mardel

       Dejó la pala y el rastrillito para meterse a jugar entre las olas. Vino  una no tan alta pero potente, comprendió tarde, cuando ya se había doblado en dos y terminó inerme contra la orilla. A partir de entonces nunca más volvió a meterme al mar. Lo observa desde la rambla, sentado en su silla de ruedas.

Museo Perpetuo

       Tras varias visitas a la intendencia, (incluso una vez llegó a encadenarse tres dias con megáfono en mano), Pascual Salomone tuvo una respuesta afirmativa. Por fin había sido aprobado el proyecto del museo para rescatar al hijo pródigo del pueblo que arrastró su apellido más allá de las fronteras. Enérgico repetía que buscaba fomentar los valores que su ilustre figura inspiraba.      Lo había conocido antes de la fama y después del ocaso. Con íntima convicción se convirtió en un coleccionista minucioso, suspendido en su persona. Lo albergó en su casa cuando perdió todo. Una noche, mientras lo observaba dormir, juntó gotas de baba en un frasquito. Tenía un humor tan cambiante como una oveja recién esquilada. Pascual apeló a la clemencia del admirador incondicional.      Luego de meses de reformas se edificó un museo moderno en las afueras del pueblo para homenajear al eximio personaje. Fue ubicado junto a la casilla de cha...

Figurita Difícil

      Hay recuerdos imborrables, sobre todo aquellos que quedan pegados a la retina tierna de la infancia. Más aún si suceden en la precipitada atmósfera en que se iba a disputar el primer campeonato del mundo en el país.      Bajo la pegajosa consigna: "Argentina 78" cursé mi tercer grado en un colegio religioso y, como el resto de mis compañeros, yo también junté las figuritas de los equipos participantes del mundial. Los recreos fueron el ámbito propicio para intercambiar pilones de repetidas. Luego de meses emulando como un mantra sagrado los “sila” y los “nola”, ya estaba por completar el álbum. Solo me faltaba una: la del arquero alemán Sepp Maier, que era imposible de conseguir.      Un día antes del receso invernal mi compañero Juan L -no diré el apellido- ingresó al aula con el rostro inflamado cuando, arrogante, alzó una mano y comenzó a agitar la figurita que a todos nos faltaba. Se armó de inmediato un alboroto a su alred...

Cacique Eterno

       En un asado que aconteció por el sur del conurbano bonaerense un antropólogo me refirió una historia sorprendente ocurrida cuando el Gran Chaco formaba parte del Mato Grosso, estamos hablando de los primeros tiempos del genocidio perpetuado por los europeos en América. Aferrado a un vaso de vino, no sin riesgo de mitificación, señaló que los hechos fueron circulando de boca en boca hasta que un fraile jesuita lo apuntaló en papel y el relato cruzó el oceáno.      Todo arrancó cuando el cacique de una de las tribus de la zona referida no pudo complacer sexualmente a una de sus esposas y se mostró compungido. Era la primera vez que le sucedía, pensó y puede que haya vociferado. La muchacha, tal vez para consolarlo, le señaló uno de sus largos pelos de la cabeza. Había encanecido y eso era señal clara que la vejez estaba merodeando. El cacique la azotó y luego le cortó la lengua para que guarde silencio. Al salir el sol mandó a uno de sus mi...

Recompensa

  Enseguida pegamos carteles en decenas de postes y negocios del barrio. Su foto más reciente, su gracioso nombre, la palabra gratificaré y números telefónicos de contacto. De regreso al departamento nos topamos con el silencio más tremendo. Faltaban torpes saltos de baba, topetazos en la cintura y agitados bufidos repletos de sumisa emoción. Aun quedaba presente su hedor en el sillón, en las frazadas; inclusive trepando por las paredes. Al otro día hubo una serie de llamados, varios falsos, de inescrupulosos que solo pretendían cobrar la recompensa. Mientras tanto seguíamos juntando pelos, lagañas secas y restos de huesos astillados que iban apareciendo por los rincones más intrincados del departamento. Esa tarde me hubiera tocado a mí darle el agotador paseo para restarle energía y que depusiera sus acaloradas necesidades fisiológicas. Por la noche bajamos a la calle y comenzamos a despegar todos los carteles que terminaron arrojados en tachos de basura. Luego fuimos a cenar...

Vaquita de San Antonio

Apenas se posó en su antebrazo le tembló todo el cuerpo. Sintió enseguida el peso invisible de la suerte. Era el primer ser vivo que lo tocaba en semanas. Aun confuso pudo observar con detalle las delicadas patas y el curioso cuerpo bermellón coronado de redondelitos negros. Percibió entonces una vanidosa y obstinada quietud. Tras propinar un segundo suspiro febril le ofreció, con la palma abierta de su mano, una abrupta oscuridad; aplastándola para siempre.

Mate Amargo

    Va amaneciendo  y se arrima hasta la cocina a preparar unos mates. La pava chilla impudorosa sobre la hornalla. Vierte agua caliente sobre un borde suave de yerba. Chupa de la bombilla mientras vislumbra un día esperanzador donde cumplirá, por fin, alguno de sus sueños postergados. Entre mate y mate surgen imágenes poderosas indicando que nada es imposible. Se aferra con ambas manos como si fuera una bomba de ilusión y lo acerca nuevamente hacia la boca.      Al quinto o sexto mate la yerba se lava. Enseguida comprende que el día será cruel e inexorable, como siempre.

Billy el conejo

       El recuerdo sobrevino, como un salto inesperado, al verlo cruzar la calle. Tenía esa expresión apesadumbrada de cuando éramos niños; el mismo andar vacilante, el mismo pelo renegrido y pajoso. Fuimos, triste sino, compañeros en el jardín de infantes.      Llegando la primavera la señorita había traído una caja colorida y misteriosa. Nos asomamos como un ensamble enardecido para descubrir que en su interior se encontraba un conejo bebé. Tenía la mirada asustadiza y perdida. En aquella época no existían proteccionistas de animales ni esas cosas. Era tan blanco, suave con sus dientitos salientes hacia abajo y sus orejas atentas hacia arriba. Entre todos le elegimos el nombre: Billy. Nos enteramos que hasta fin de año cada uno se lo llevaría a su casa para cuidarlo. Hoy puedo intuir que tal propuesta escondía un primitivo plan pedagógico.      Esperé día tras día que llegara mi turno. Fue de casa en casa y la ansiedad me hacía ...

Pervivencia

      " Otra vez" , murmuró cuando al abrir la caja fuerte comprobó que no estaba. Conteniendo cierta resignación pasó un trapo húmedo para eliminar todo vestigio de tierra. Sin prisa fue a la calle y tomó un taxi con rumbo al cementerio. Al llegar se dirigió a la tumba de su esposo. Agachada excavó hasta dar con el cajón. Luego levantó la tapa para, una vez más, arrebatarle el anillo de casados.