A Cipe Lincovsky Primero vinieron por Bertolt Brecht, pero como yo no era Bertolt Brecht, ni me preocupé. Luego no vinieron por nadie más. Parece que la cosa era nomás con él.
En la boca despejada de la noche, una sombra abre la tapa y se asoma al contenedor de basura. Entre los desperdicios distingue media hamburguesa. Doblega su anatomía lo suficiente para ingresar a buscarla. La acaricia antes de darle, pese a notarla fría y manoseada, un primer mordisco visceral. Mientras mastica alcanza a entrever, casi sepultadas, una mesa y una silla. Se sienta a terminar de cenar cuando, en eso, encuentra una cocina iluminada y, por el fondo, un jardincito con el pasto recién cortado. Sale de la casa a tirar la basura para mantener el orden. Apenas pisa la calle comprende que se ha olvidado las llaves adentro y la noche que le espera.