Un día dijo que de grande q uería ser bombero. Sus padres le consiguieron el casco, un traje de su tamaño y la manguera. Le armaron una habitación en los altos de la casa. En el piso hicieron un agujero redondo e incrustaron un tubo en el medio para que bajara más rápido ante una emergencia. Todas las mañanas prendían fuego en la planta baja. Sirena. Abandonaba la cama y, aferrado a la manguera, se vestía de bombero. Desesperado se deslizaba por el tubo a apagar el incendio. Tras desayunar partía hacia la escuela. Aquella mañana olvidaron que se había quedado a dormir en la casa de un compañerito. Al regresar se tropezó con las cenizas de su traje, de su casco, de su manguera, del sol que todo lo precede.
Se acercó el gerente de la empresa en persona. Le explicó que era la única casa con teléfono fijo (uno negro de baquelita) que aún quedaba en la ciudad. Habló de costos y logística, también utilizó la palabra despropósito. Una anciana le contó que su hijo había desaparecido durante la última dictadura cívico militar y se sabía el número de memoria. Va a conservar la línea por si un día la llama, como antes.