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Cruz y Fierro

 

   

    El cordón policial arremete contra los jubilados hasta arrinconarlos sobre una porción candente de la Plaza. Cara a cara quedan una anciana y un joven policía de ojos claros. A ella le cuelga una cruz; al otro el fierro. Con venas explotando le grita su lucha, también que podría ser su abuela. La oye en silencio y, a lo mejor por algún resorte emocional que lo espeja a la anciana, se le van poniendo brillosos los ojos. En el reflejo oscilante de sus miradas se arrima la palabra rebeldía, también Cristo. Parece que va a trastabillar una de sus pupilas claras. De repente, inesperado, un bastonazo que viene desde atrás le sacude el rostro a la anciana. El joven policía pestanea febril a la vez que levanta maquinalmente el suyo, apaleando a cuanto jubilado se acerca a socorrerla. Luego humo de gases, ardor, asfixia. Hoy ya no volverán a verse; tal vez el próximo miércoles.

Comentarios

  1. Un gobierno que utiliza su aparato represivo para imponer sus ideas, aunque haya sido elegido por voto popular, tiene un solo nombre Dictadura. Y lo triste es que se mete con los más débiles, claro está, aquellos que no pueden movilizarse. Me pego fuerte. 😭

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  2. Uno de los relatos más reales y lindos

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Arquetipo

              Esta historia la oí en el Café Brasilero , uno de los bares más antiguos de Montevideo. Hubiese sido preferible que la escuchara Eduardo Galeano, pero ya había fallecido hacía años. En una de las mesas contiguas alguien comenzó a contar que un amigo veía a su hijo correr y patear una pelota imaginaria por toda la casa. El botija hacía gestos inestables y festejaba goles de cara a las paredes. El padre siempre le regalaba libros y juego didácticos. Sin embargo, para ese cumpleaños eligió comprarle una pelota de cuero profesional. El hijo la agarró no muy convencido y se fue a jugar al patio del fondo. Al otro día el padre volvió de la oficina y encontró la pelota abandonada en un rincón y a su hijo jugando nuevamente con la otra. Se le paró enfrente e indagó: ¿Qué ocurre que no usas la que te regalé? El hijo levantó apenas los hombros anticipando su respuesta: Es muy bonita papá, pero ésta es más liviana y la domino mejor.

Retorno

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