Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de noviembre, 2024

Cuarto estanco

           Una tarde regresó del colegio y no dejó que lo abrazara como de costumbre, insistí pero nunca más me lo permitió. Sin merendar siquiera fue a encerrarse a su cuarto que quedaba en los altos de la casa. Cosas de adolescentes, me dijo la madre para complacerme.     Al tiempo c omenzó a bajar con los ojos enrojecidos por esa vidriosa y obsesiva pantalla del celular que le habíamos comprado pocas semanas atrás. Pronto le noté un andar taciturno. Tenía la mirada esquiva y balbuceaba palabras vacilantes. Luego dejó de ir a la cancha, tampoco volvimos a compartir juegos de mesa que tanto nos hacían felices a carcajadas.      Un día de otoño descubrí que vociferaba frases incomprensibles: Tranevis fojta luman , repitió dos veces. Lo anoté sin que se diera cuenta y fui a buscar a google: Esloveno. Otras semanas eran frases repletas de ce hache: chino, probablemente. Comprobé entonces que podía manipular varios idiomas. ...

Varón Humboldt

           Caminaba el año 1802 cuando arriba a Quito el científico más renombrado del cosmos: el mismísimo barón, Alexander Von Humboldt. Junto a él llegó su inseparable y botánico amigo Aimé Goujaud, quien apenas pisa suelo americano se hace llamar Amado Bonpland (tr. buena planta). Les venía siguiendo los pasos, desde Bogotá, un científico sur americano y gran admirador: Francisco José de Caldas.      De una personalidad y oratoria avasallante, Humboldt se pasea de reunión en reunión cautivando a la élite quiteña. Allí conoce a Carlos Montúfar un joven apuesto, entusiasta y servicial. Caldas, en cambio, era muy católico y desapegado a las reuniones sociales. Prefería estar con Dios o investigando su colección de plantas antes de perder tiempo con humanos; se rumoreaba que además de aburrido era casto. Ambos lo acompañan en una serie de travesías por el corredor volcánico ecuatoriano, preludio del viaje colosal que planeaba hacer junto...

Ricardo por wathsapp

           Durante la semana organizamos un asado por el grupo de wathsapp. Desde lo sucedido a Ricardo no nos volvimos a juntar. Fue una muerte repentina, tan joven y absurda. Como siempre establecimos quien se encargaría de traer cada cosa. La noche anterior apareció un mensaje que alborotó a todos: "Llevo el pan" Provenía de su número. Al día siguiente comimos el asado; faltó pan.