Che, llamó un productor. Tengo una gran noticia para darte, me dijo. Vendimos tu obra al extranjero. ¿A dónde?, pregunté. Al Uruguay, respondió. La semana que viene viajas a Montevideo y te juntas con el traductor, se llama Washington Machado. ¿Con qué sentido? Resulta que el público de teatro uruguayo, que los hay, prefiere ver obras que no escondan los uruguayismos, inclusive que los resalte. De hecho ya está traducida y solo faltan ultimar detalles. A la hora señalada me embarqué en la Cacciola hasta Carmelo. Luego subí a un micro que me deparó en la terminal Tres Cruces. Preferí caminar hasta Plaza Cagancha para estirar las piernas. De ahí a media cuadra estaba la oficina del traductor. Resultó ser un flaco moreno con rulos chiquitos. Nos dimos un apretón de manos. Enseguida fue a preparar unos mates a la cocina. Regresó con el termo inclinado bajo el brazo. Nos sentamos en un sillón y, mientras mateaba con fragor, Washington hizo aparecer...