Apaga el pucho y me dice: Dale pibe que entrás. La tensión infinita del partido empatado. Faltan cinco minutos y todo indica que puede haber alargue. Estoy por jugar la final de la copa del mundo. Mi sueño eterno. Sonrío emocionado mientras hago la entrada en calor. De los nervios ni vi por quién entré, creo que Villa o fue Alonso. No importa, ya estoy adentro. Gran quite de Ardiles que me la pasa. Empiezo a eludir camisetas naranjas rumbo al arco rival. No me pueden parar con nada. Sale el arquero que es tan alto como el obelisco. Se la coloco rasante entre los pies. La pelota ingresa mansa. Goooooooooool, grito mientras corro buscando festejar de cara a los hinchas. Supero los carteles publicitarios cuando me agarran de la camiseta y caigo tumbado al piso. El tiempo parece detenerse. Una montaña de cuerpos sobre mi humanidad. Me sofoco aplastado contra el césped. No puedo respirar y siento que los tapones de varios botines se clavan en las costillas. Procuro sacármelos de encima...
Pensamiento Carretel