Las tribunas, desbordadas. Partido decisivo. Un paso, apenas, para alcanzar la gloria. Tensión nerviosa y pierna fuerte. Los noventa minutos terminan empatados. Habría entonces alargue y gol de oro. Para darle aire fresco al equipo ingresa el Pichi Díaz, un juvenil de inferiores que hace su debut en primera. Al minuto, se escabulle en el área y bate al arquero. Pitazo final y campeones. La hinchada, como un tsunami de gliptodontes, invade el campo de juego buscando quedarse con un souvenir del Pichi; el nuevo ídolo. Enseguida comienzan a quitarle la ropa, incluídos los calzoncillos, hasta dejarlo completamente desnudo. Luego, lo que pocos quieren recordar: comenzamos a quitarle otras cosas. No quedó nada del Pichi. Yo, tras forcejear con varios, me llevé la mano que apretó bien fuerte para festejar el gol.
Simpatico
ResponderEliminarLa mano de dios, las manos de peron, la mano del pichi
ResponderEliminarLa pasión....te llevar a hacer cosas inexplicables. No quiero imaginar el estado del calzoncillo...perdón lo tenia que decir...me causó gracia.
ResponderEliminarComo siempre, les das la mano y te agarran el codo...
ResponderEliminarLindo festejo
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