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Entradas

Oeste

  Para Santi.      Llevo al menos treinta días sujeto a una cama sanitaria de hospital. Treinta días al menos sin probar alcohol, cigarrillos, sal; sin ponerme zapatos ni calzoncillos. Cada veinticuatro horas me pinchan cinco veces y empastillan otro tanto. Merodean entrecruzadas mangueras de drenaje, bolsitas colgando de ganchos; visión desperfilada. Cuando ingresé a la clínica me afirmaron que estaría internado una semana, a lo sumo diez días y ya vamos... Necesito que me dé un valor adecuado en la sangre para conseguir el alta pero éste resulta siempre esquivo. Por el único ventiluz de la habitación se acaba de posar la sombra de un pájaro que enseguida arrió contra la tarde. En un rapto abandono el ímpetu de pronta recuperación; al carajo el huésped de oblicua paciencia. Me atraviesa la anegadiza resignación que usurpa cualquier pensamiento hasta derrumbarlo, hasta dejarlo vacío. Soy esculpido por el hondo tedio de días simétricos, insulsas comidas, arbitr...

Origen del fútbol

     Alerta máxima: En las últimas horas, el departamento de historia de la FIFA halló documentos donde se demuestra fehacientemente que durante su estadía en la universidad de Cambridge, Charles Darwin, cuando no tenía clases, se la pasaba observando encuentros de un juego novedoso que consistía en introducir senda pelota forrada de cuero en un arco rectangular sin apelar a la utilización de miembros superiores. Lo más asombroso del hallazgo resultó ser una nota caligráfica de su puño y letra que podría tirar por el sumidero años de dilatada teoría evolucionista. Aquí copio y pego textual: « Hubo una especie singular que abandonó el agua en forma aun de renacuajo, no por la selección natural o adaptación al medio ambiente sino, para jugar al fútbol » .

Payaso roto

       De cara al espejo sobrevino algo que ya venía arrasando por dentro. Una mueca rígida dejó al descubierto dos hileras de dientes podridos. Enseguida, frente a la pelota roja que tomaba hondamente mi nariz, comprendí que algo se había roto en mí. Siempre haciendo de payaso hasta convertirme en uno, en todo momento, sin poder abandonar esa mirada triste que ya se me había impreso en las pupilas. Esta misma tarde, encima mío, una bandada de pájaros me observó fijamente mientras migraban llevando a otras tierras la imagen de un torpe bufón y la vergüenza que corroía mis huesos transparentes. Harto estoy de derramar lágrimas de pantomima sobre la cara pintada buscando que niños rían y aplaudan fascinados por mis continuos fracasos. Una flor clavada en el pecho a la espera de aquel amor que ya no vendrá y zapatones que tanto incomodan para ir a ninguna parte. Tremendas noches sueño al payaso de pie en el escenario: reflectores lo enfocan con máxima potencia. Un part...

Árbolito de Navidad

     Habían terminado las clases y, como en un tobogán, los días que faltaban para Navidad se fueron acelerando. Le pedí a papá un arbolito de verdad para poner los regalos y que no sea el de plástico de porquería de siempre. Una tarde regresó del trabajo con un bulto extraño. Inmediatamente dejé de armar un rompecabezas y me acerqué a toda prisa. Cuándo lo vi, upa lalá, me agarró ese inquieto cosquilleo que ocurre pocas veces en un día. Era un árbol tan alto como yo. Papá lo dejó en un rincón. Le insistí que lo plantara en el medio del living y que con maceta no me interesaba. Papá iba evaluando las posibilidades pero enseguida salió mamá de la cocina. Están locos, dijo y agregó: vivimos en un departamento, en un tercer piso. Ahí estuve a punto de llorar fuerte, como tan bien me sale; no fue necesario. Papá se quitó el saco, se agachó para abrazarme y decirme algo al oído. Apenas mamá volvió a la cocina a seguir preparando la cena, papá fue hasta la caja de herramientas...

Negativo Revelado

       La Plaza se sacude entre bombas que caen como palomas de fuego. Dificulta esquivar los escombros de la recova recién demolida. Papelitos apretados deslizándose por un arrojo de sangre, buscando el río. Humo y gases envuelven tenaces estandartes cosidos con hilos de memoria. Pañuelos bordados circulan sus ovarios por el ombligo de la pirámide. Campanadas sotánicas sacuden escarapelas patricias que empantanan al Cabildo. Alpargatas gastadas esperan a un costado de la fuente mientras Diego, siempre eterno, ofrenda su tesoro dorado en el balcón ritual. Casa Rosada iza el helicóptero transportando un perro muerto. Ocurre este grito: "Viva la Patria rebelada".

Acuario

       Jamás olvidaré esa mañana que, envuelto en aire frenético, decidí vaciar el placard de mi habitación. Por entonces salía poco y qué sentido tanta ropa. Terminó ovillada en bolsas de consorcio negras que ubiqué en un rincón del living. Procedí a quitar estantes, barrales y accesorios. Le di tres manos de pintura celeste para piscina a las paredes y al piso que luego recubrí de tierra, piedras y plantas oxigenadoras. Ambientación con dibujos de caracolas y otros motivos marítimos en los laterales y el fondo. Por último eliminé las puertas para colocar un vidrio biselado adherido con silicona. En la parte superior dejé una abertura por donde ingresar agua, alimentos, tal vez acariciarlo. La espuma de sueños se zambulló como un reguero en esa caverna hendida y bien sellada.      Los primeros días lo observaba desde la cama y me hundía en horas entretenidas. Podía quedarse inmóvil durante largos períodos. Adoraba su sigilo prolongado. De repente ...

Ciruja

                 Cuando cumplí los diez años estaba en quinto grado y me surgió la misma necesidad que a todos los pibes de la escuela: tener un ídolo. El Ferro de los 80' era un equipazo donde sobraban cracks. La elección, por lo tanto, no era nada fácil. Enseguida vino México 86 y el club tuvo su primer campeón del mundo. Mi ídolo ya tenía nombre y apellido: Oscar Alfredo Garré.      En el bufet del club un socio vitalicio me contó que Garré había empezado en novena división, que antes de los entrenamientos repartía gaseosas y como venía agotado, era común que se quedara dormido bajo los tablones de la tribuna. Allí, tirado y mal vestido, nació su apodo: Ciruja. Allí, también, se fueron forjando los sueños de ser jugador profesional.      Don Victorio Spinetto lo hizo debutar en primera un 2 de mayo de 1976. Jugaba de puntero mentiroso y ninguno de los presentes hubiese imaginado que aquel juvenil de a...

Dolor en el Comedor

       — Abra la boca.      —Yo no es que dude de su honorabilidad, entiéndase bien; pero de seguro que usted llegó en su automóvil y en las últimas horas habrá visto televisión, escuchado radio o hablado a través de su teléfono ¡sin cables! ¿Cómo es posible que ante tamaña evidencia de progreso tecnológico yo tenga que sufrir tanta molestia por una simple carie?      —Me está insinuando que he procedido de modo ímprobo?      —¡No, doctor Molinari, ni por asomo!, simplemente le infiero que a mi moderado entender la Comunidad Odontológica, o marcha sobre las ruedas cuadradas de la tecnología, o lo que yo presumo... se está ocultando un asunto muy fulero.      —¿No entiendo hasta dónde quiere llegar?      —Hasta el fondo de la cuestión, y con esa actitud amenazante que acaba de infligirme ahora comprendo que usted también debe pertenecer al Clan ¿o se llama Logia, o Masonerí...

Pelopincho

        En el fondo de casa armamos la pileta para mi cumple de mañana, dijo Thilo emocionado y abriendo grande los ojos agregó: la Pelopincho , la que tiene un montón de hierros atravesados. Para tal emprendimiento fue necesaria la ayuda de una ingeniera catalana entusiasta de Gaudí.      Al día siguiente el verano caluroso de Buenos Aires no tardó en posicionarse a la vez que iban llegando los invitados con la malla puesta y el deseo urgente.  Los primeros en zambullirse fueron los amigos de fútbol y de la escuela. Enseguida se metió la tía con sus gemelas, un narigón vestido de jardinero que baila en la murga del barrio, la vecina que trabaja en una juguetería, un león flaco y travieso, dos nubes cargadas de algodón que volaban bajito, un delfín de siete colores, una mano desnuda aferrada a un tejo playero, el alba del día anterior que nadie había olvidado, un señor que llevaba puesta la camiseta original de Chacarita. Equipa...

Obelisco

             Esa abrumadora madrugada, un denso banco de niebla aplastó Buenos Aires. Durante tres días se mantuvo inalterable. La visibilidad era de apenas un metro de distancia. Suspendieron todas las actividades sociales y la autopista fue cerrada.      Al cuarto día la niebla, patinando por el Riachuelo rumbo al sur, comenzó a disiparse. Lentamente la ciudad fue recuperando su dulzón y frenético ritmo. Cerca del mediodía recorrió por las calles un rumor aberrante: "Se afanaron el Obelisco". Todos prendieron el televisor para mirar la noticia que estallaba boca a boca. Muchos fuimos hasta el centro para comprobarlo in situ . Nadie podía creer la dolorosa ausencia que se veía. Lo arrancaron de cuajo. La concha de su madre quedó enclavada en el pavimento junto al recodo de una fisura honda con final incierto. No fueron pocos caballeros a los que se les escapó una pudorosa lágrima, que pretendieron disimular refregando la manga d...

Bajo Tablón

      Mi tío comenzó a buscarme todos los domingos para ir a la cancha. La primera vez que vino manifesté que prefería quedarme en el cuarto jugando o leyendo historietas. Mamá, no recuerdo que punto sensible tocó pero no me pude rehusar. En el corredor, frente al vendedor corpulento de choripanes, nos separábamos. Él se calzaba un gorrito verde y subía a la tribuna junto con la multitud desaforada. Yo me sumergía en la brumosa humareda, bajo los tablones. Por una animada cortina de papelitos me daba cuenta si el partido había empezado, por algunas canciones y su entonación, si el trámite era favorable o no. Alzando la vista podía divisar el recorte de impetuosas siluetas y el resplandor del sol atomizado por las banderas.      Estar bajo aquel mundo, nervio vivo de emociones, me generaba una adrenalina difícil de explicar en ese momento. Por lo general iba trepando la estructura de hierros atravesados o me hamacaba en una llanta de auto sabiendo que ...

Búsqueda

        Sucedió en mi cumpleaños de ocho. Después de la torta jugamos a las escondidas. Todos fueron apareciendo, menos Ricardito. Su madre, que ya es una anciana, aun lo sigue buscando.

Títere

       Mi papá es titiritero. Yo siempre lo ayudo a montar sus funciones. Puede ser en una plaza de barrio, un club o alguna fiesta de cumpleaños. Allí me siento más vivo que nunca. Es fascinante verle la cara a los niños cuando se sorprenden o estallan en risotadas. Después del aplauso final papá saca su mano y me duerme en la maleta.

Verde Esmeralda

       Cuando mi hija subió a recibir el diploma como la mejor alumna del Summit Schools , agarré fuerte las manos de mi esposa y se me pusieron llorosos los ojos, los mismos que poco después se vieron reflejados en una realidad atroz. Pero ese día sentí orgullo enorme de padre y seguridad en que había hecho bien las cosas. Mi princesa ahí arriba del escenario con su pelo rubio y esa sonrisa tan llena, tan fresca; distante de las inmundicias que ocurren en la vida diaria. Qué más se podía pedir de una hija. Terminaba la educación primaria y una nueva etapa se iniciaba para ella, abriendo un amplio abanico de posibilidades por descubrir.      Unos meses después de su egreso nos mudamos al barrio cerrado, donde planeábamos una vida plena y segura. El bufette de abogacía que había instalado con mi socio comenzó a florecer de clientes lo que permitió gran holgura económica y la consecuente satisfacción debido también al éxito profesional. Bárbara, mi ...

Tienda Arteta

       —¿Qué carajo pasó con mamá, Mari. Apenas me avisaste vine rajando.      —Nada boluda, se despertó de la siesta hablando incoherencias y quiso salir a la calle en corpiño y bombacha. Tenía la mirada fuera de foco y una sonrisa extraña, casi libidinosa. La frené como pude, le hice un té y de a poco se fue calmando. Ahora está en el baño encerrada.      —Uh, menos mal amiga, mirá si agarraba la Pelle en pelotas... Falta una semana para la fiesta del caballo... hubiera sido el bocadillo sucio de todo el pueblo. Fumemos un pucho y pensemos que hacer para cuando salga del baño.      —Ahí viene. ¿Mamá qué te pasó? Vení, sentate en tu silloncito y nos contas.      ‹‹Estoy nada bien. Ya hace mucho que un hombre no me mira. Al casarme con tu padre no me di cuenta pero pronto entendí que había traicionado las enseñanzas de nuestro querido potro: prefirió morir ahogado antes que vivir prisionero....

Atrás

           Fueron llegando a nado desde el Riachuelo o subidas unas encima de otras. Alcanzaron con fervor avenida Corrientes. El obelisco fue trepado por dentro y por fuera. Comían lo que se les cruzaba: vinilos de Pugliese, ediciones cosidas de Mujica Láinez o papelitos arrojados en el aire de la Bombonera. Chillidos penetrantes rebotan, todavía, sobre el asfalto. Me refugié enseguida en mi hogar. Voy del living a la cocina por alimentos. En eso oigo rasguidos atroces tras la alacena. Corro espantado hacia el dormitorio, donde aún continúo encerrado. Mucho más no podré resistir; solo me queda un trocito de queso.

Hondamente

        En aquella época a los hijos había que educarlos con rigor. El mío era muy tranquilo y sensible. En esas vacaciones pasaba todas las tardes haciendo dibujitos sobre la arena y ni se quería sacar la remera. En un momento me paré y le dije: "Ya no sos un nenito, andá y hacé algo". Ladeó la cabeza, se puso de pie y caminó hasta la orilla. Viene apareciendo recurrentemente en mis sueños, quizá los últimos que tenga. Me llama, me dice: "No te preocupes papá, estoy bien". Al buscarlo con la mirada preciso que no se trata de mi muchacho sino de una muchacha. Es él, si, me fijo bien; es él, pero travestido. Pierdo el aire, me hundo en el colchón. Esta situación me desvela, por lo tanto decido actuar pronto. Necesito descifrar qué sucede y ordenar las cosas. Desciendo del micro y arribo al balneario donde ocurrió todo. Nunca más había regresado a la playa, a ninguna. Tarareando un tango atravieso la arena con pasos morosos. Me paro frente al mar que primero le ...

Juntos a la mar

          De pronto me hallé aferrado con ambas manos a una bolsa negra que ladeaba sobre mi espalda; iba tranquilo. Atravecé el misterioso prealba mientras me dirigía como un autómata en dirección al mar. Acaso absorbido por el entresueño que potenciaba una voluntad ausente y vaga, no me atreví en ese momento a observar el contenido de la bolsa. Intenté dilucidar dónde había levantado esa carga, pero no logré enhebrar dos raptos de memoria seguidos.      Ya pisaba arena cuando contemplé el mar. No puedo explicar por qué, sentí liviano temor. El ruido del oleaje rompió la calma que hasta ese instante me invadía, me escoltaba. A metros de la orilla apoyé la bolsa en suelo húmedo. La entreabrí muy lentamente hasta que apareció el torso desnudo de una mujer. Qué es esto, me dije absorto, no sin mucho de fascinación. No logro dejar de mirar ese torso, a la vez que exhalo un aire de hondo rezago. Descubro sangre coagulada en los segmentos que u...

Nube

            Nunca supe con qué ardid, y ya han pasado varios años, permanecí atrapado dentro de aquel cubil metálico con aroma galo. Tiemblo al recordar como sucumbió misteriosamente la descarga de ambos polos y cómo entonces, sin escapatoria, yací recluso en la astucia de sus besos. No exagero si digo que una tarde ingresó una nube entera por su desmedida boca.      Pronto todo se confunde. Fotos, mar y risas. Un cerrojo de abrazos atravesados. Su piel inestable, también ella, se estira de vez en cuando y aparecen tibias criaturas recubiertas en arcilla. Quedo aturdido ante esas presencias fulminantes, ante sus miradas que descubro íntimas y a su vez ajenas.      Una mañana de sol desapareció de mi mundo, del mundo que carecía y le enseñé. Con un clavo grave hundido la busco en cada esquina, en mil mujeres. Las noches inciertas se pierden sobre el cáliz implacable de la desdicha.     Al  arresto de...

Toro y Paloma

      Ingresa al ruedo bajo un sol entreverado de aire y fuego. Enseguida clava pezuñas y perenne esperma sobre la arena. Veo su erguido pecho albergando una bóveda inmensa. Sorpresa siento cuando mueve la cola jubilosa, tal como haría cualquier perro. Suena música festiva que incita al público. Un grupo de toreros de segunda línea saltan al campo y comienzan a agitar capas de vivos colores. Se acerca para contentarlos; sin más lo desairan escondiéndose tras unas sobreparedes de madera.      De pronto aparece un caballo enfundado aparatosamente. Lo monta cierto jinete que cubre desmedida porción de cielo. La banda musical cambia el tono, antes jovial y festivo, por uno de mayor suspenso. Entusiasta embiste al caballo contra su costal más visible, dónde queda enganchado. El jinete aprovecha que está inmóvil para hundirle profundo una especie de lanza obstinada sobre el lomo desprotegido. Un chorro de sangre viril brota con fuerza; brillante y lumin...