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Hondamente

     En aquella época a los hijos había que educarlos con rigor. El mío era muy tranquilo y sensible. En esas vacaciones pasaba todas las tardes haciendo dibujitos sobre la arena y ni se quería sacar la remera. En un momento me paré y le dije: "Ya no sos un nenito, andá y hacé algo". Ladeó la cabeza, se puso de pie y caminó hasta la orilla.

Viene apareciendo recurrentemente en mis sueños, quizá los últimos que tenga. Me llama, me dice: "No te preocupes papá, estoy bien". Al buscarlo con la mirada preciso que no se trata de mi muchacho sino de una muchacha. Es él, si, me fijo bien; es él, pero travestido. Pierdo el aire, me hundo en el colchón. Esta situación me desvela, por lo tanto decido actuar pronto. Necesito descifrar qué sucede y ordenar las cosas.

Desciendo del micro y arribo al balneario donde ocurrió todo. Nunca más había regresado a la playa, a ninguna. Tarareando un tango atravieso la arena con pasos morosos. Me paro frente al mar que primero le quitó la vida y luego le transformó el sexo. Oigo un tierno murmullo del otro lado de las olas. Me llama otra vez. Tiro el bastón contra la arena y voy a su encuentro. Inhalo una bocanada de aire fresco. Al acercarme noto que ya es una señora; mientras, el agua marina le descorre el maquillaje. La fuerza de la marea debilita mis rodillas y enseguida pierdo estabilidad. En ese instante me busca, puedo sentir sus manos. Nos abrazamos hondamente.


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Arquetipo

              Esta historia la oí en el Café Brasilero , uno de los bares más antiguos de Montevideo. Hubiese sido preferible que la escuchara Eduardo Galeano, pero ya había fallecido hacía años. En una de las mesas contiguas alguien comenzó a contar que un amigo veía a su hijo correr y patear una pelota imaginaria por toda la casa. El botija hacía gestos inestables y festejaba goles de cara a las paredes. El padre siempre le regalaba libros y juego didácticos. Sin embargo, para ese cumpleaños eligió comprarle una pelota de cuero profesional. El hijo la agarró no muy convencido y se fue a jugar al patio del fondo. Al otro día el padre volvió de la oficina y encontró la pelota abandonada en un rincón y a su hijo jugando nuevamente con la otra. Se le paró enfrente e indagó: ¿Qué ocurre que no usas la que te regalé? El hijo levantó apenas los hombros anticipando su respuesta: Es muy bonita papá, pero ésta es más liviana y la domino mejor.

Retorno

  El hombre pudo vencer sus temores y abandonó las cuevas. Fue entonces cuando admiró estrellas, ideó dioses, mitigó piedras, elevó ciudades, flotó océanos, acuñó monedas, coloreó lienzos, procuró el amor, anheló desmesura, suspiró poesía, fabricó artilugios, animó guerras, derrochó champagne y calentó pan duro. En este preciso momento, encerrado en una habitación sombría, alguien observa el techo desde su cama sin poder dormir.

Contenedor Abierto

       En la boca despejada de la noche, una sombra abre la tapa y se asoma al contenedor de basura. Entre los desperdicios distingue media hamburguesa. Doblega su anatomía lo suficiente para ingresar a buscarla. La acaricia antes de darle, pese a notarla fría y manoseada, un primer mordisco visceral. Mientras mastica alcanza a entrever, casi sepultadas, una mesa y una silla. Se sienta a terminar de cenar cuando encuentra una cocina iluminada y, por el fondo, un jardincito con el pasto recién cortado. Sale de la casa a tirar la basura para mantener el aseo. Apenas pisa la calle comprende que se ha olvidado las llaves adentro y la noche que le espera.