La Plaza se sacude entre bombas que caen como palomas de fuego. Dificulta esquivar los escombros de la recova recién demolida. Papelitos apretados deslizándose por un arrojo de sangre, buscando el río. Humo y gases envuelven tenaces estandartes cosidos con hilos de memoria. Pañuelos bordados circulan sus ovarios por el ombligo de la pirámide. Campanadas sotánicas sacuden escarapelas patricias que empantanan al Cabildo. Alpargatas gastadas esperan a un costado de la fuente mientras Diego, siempre eterno, ofrenda su tesoro dorado en el balcón ritual. Casa Rosada iza el helicóptero transportando un perro muerto. Ocurre este grito: "Viva la Patria rebelada".
Hay volver a rebelarse
ResponderEliminarOjalá sea premonitorio.
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