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Entradas

Beso

        Envolví el beso en pétalos de rosa amarga; levemente adherido con desmesurada urgencia. Viajará montado a lomo de mariposa donde un sello postal rubrica el dorso pardo de tu corazón. Si acaso te has mudado a un lugar lejano, la mariposa será incapaz de cruzar cualquier océano y moriría ahogado e inevitable en mis labios de sal.

Viaje

       Luego de meses planeando cada detalle, por fin comencé mi viaje iniciático; ese que todo hombre debe hacer para conocerse y descubrir el mundo. Una invasión de entusiasmo y vértigo. Al llegar a la esquina, recordé que no había cerrado la llave de gas. Volví de prisa al departamento, aplazando el viaje una vez más.

Calesita

         Iba aferrado impertérrito al volante del automóvil. De pronto comprendió que los frenos no accionaban. Todo comenzó a dar vueltas. Cuando por fin se detuvo, montó a un caballito de madera que subía y bajaba acompasadamente.

Bicicleta

       Vereda ancha de un barrio tranquilo. El padre fijó sus ojos emocionados en los de su hijo. Era la primera vez que iba a andar en bicicleta sin las rueditas de soporte. Tras vanos intentos por fin logró mantener el equilibrio, sin necesitar de su ayuda. Pronto agrandó su radio de acción y solito fue pedaleando varios metros más. Orgulloso lo vio doblar la esquina aferrado al manubrio. Nunca más supo de él.

Heredero

                                                                      Sr. Gobernador: Comprendo por sus loables labores que pueda interpretar este pedido desesperado de un padre argentino como un hecho menor o de poca importancia. No lo haría si supiera lo que estoy sufriendo y lo turbio que se enmascara detrás del grueso asunto que me acongoja. No quisiera remachar el noble escudo pero acá se juegan los valores más vitales de la república, están en juego, oiga bien: Dios, Patria y Familia. No tema que no comenzaré a enumerar mis penurias para no aburrirlo... Todo comenzó cuando mi hija, mi única hija, terminó sus estudios secundarios y se anotó en una siniestra escuela de arte pictórica ubicada en la periferia de la ciudad, cerquita de eso que llamamos, no sin antes taparnos...

Obsessed

  Cuando tengo clase de inglés me baño decididamente y elijo una ropa que combine, incluso me perfumo. No me interesa que la clase sea por zoom. Tres minutos antes de que se active el password ya estoy instalado frente a la pantalla de mi notbook ansioso por verla y deseoso por impresionarla. Elegí el lugar más bonito de la casa. De fondo se ve un cuadro de flores clavado en una pared con ladrillos a la vista. Ahí aparece acomodándose el pelo y entrecerrando los ojos, tal vez pasó una mala noche. Detrás suyo una pared blanca despojada. Hello beautiful teacher, me anticipo a su saludo. Ella devuelve thanks Raúl, hello . Mis ojos se fijan en ese rostro moreno que me recuerda a Pocahontas. Tiene puesta una remera holgada que deja adivinar un torso esbelto con senos minuciosos. Arremete con adverbios y, sin dilatar, conjugamos series de oraciones que son moduladas meticulosamente por un par de labios carnosos y muy besables. Intento dar respuesta a su demanda y respondo una a una s...

En la cama de mamá.

       Entran los dos caseros al dormitorio, al dormitorio sagrado de mamá. Parecen niños desafiantes ante la ausencia de los padres. Comienzan a olerse como animales. Ella se sienta en la cama. De pie, él se baja su bombachón de gaucho. Asoma un tremendo extracto de carne erguida. Ella lo agarra y lo confina en su boca. Las tres cámaras cuidadosamente ubicadas en la habitación permiten que vea la escena desde diferentes ángulos. Los degenerados caseros las ignoran, incluso mi pérfida hermana y los demás intrusos que pululan por el resto de la estancia. A la mañana temprano la usurparon. Atravesaron la tranquera como panchos por su casa. No soporto observar como están vejando el lecho de mamá y me voy a preparar café.      Regreso y ya están completamente desnudos sobre el manto blanquecino que cubre el colchón. En circense posición deja que ella succione incansable la pija en tanto él lame su minucioso clítoris, que le ofrenda como una pordiosera....

Olvido de un crack

  Por entonces era un iniciado en el periodismo deportivo, aun entusiasta y adorador de los hechos nobles. Sentado en el último asiento de la Lujanera repasaba las preguntas que había ideado para espetarle al Chueco Arismendi. Me había repasado toda su carrera. Desde esos cuatro partidos en primera hasta los épicos encuentros de las ligas provinciales. Sobraban hazañas y anécdotas. El Chueco era un jugador de la vieja escuela y por diferentes motivos su merecida fama no llegó a trascender el paso del tiempo. Muchos endilgan su fracaso al alcoholismo pero yo no hago cima sobre fenómenos unicausales Envalentonado por una causa justa me presenté ante su morada. Antes debí andar a pie seis calles de tierra, ruta adentro, y lidiar con perros cimarrones que olisqueaban a cualquier extraño, presurosos de enseñar sus colmillos. Fui recibido por la esposa. Estaba muy asombrada que un periodista se aviniera de la Capital pretendiendo entrevistar a su marido. Me alcanzó un mate dulce y ...

Sueño Mundial

Apaga el pucho y me dice: Dale pibe que entrás. La tensión infinita del partido empatado. Faltan cinco minutos y todo indica que puede haber alargue. Estoy por jugar la final de la copa del mundo. Mi sueño eterno. Sonrío emocionado mientras hago la entrada en calor. De los nervios ni vi por quién entré, creo que Villa o fue Alonso. No importa, ya estoy adentro. Gran quite de Ardiles que me la pasa. Empiezo a eludir camisetas naranjas rumbo al arco rival. No me pueden parar con nada. Sale el arquero que es tan alto como el obelisco. Se la coloco rasante entre los pies. La pelota ingresa mansa. Goooooooooool, grito mientras corro buscando festejar de cara a los hinchas. Supero los carteles publicitarios cuando me agarran de la camiseta y caigo tumbado al piso. El tiempo parece detenerse. Una montaña de cuerpos sobre mi humanidad. Me sofoco aplastado contra el césped. No puedo respirar y siento que los tapones de varios botines se clavan en las costillas. Procuro sacármelos de encima...

Invasión al Laberinto.

Cuando abandonó la vieja casona del barrio Constitución aun se hallaba en shock y a poco estuvo de ser arrollado por un fulmine tranvía que circulaba por avenida Garay rumbo al río. Minutos atrás, confinado en el estrecho sótano, había quedado atónito ante ese objeto de carácter prodigioso. Blandía los pálidos párpados con excitación enciclopédica, entregado al afán pleno de capturar algo indescifrable. Luego apareció el gesto depravado. Sucedió cuando uno de los infinitos puntos del Aleph guió su atención en sobremanera. Se le impregnó el fulgor de la negligente fecha de un octubre venidero. Ahí comprobó que el unánime aparato, de apenas dos centímetros de diámetro, también sugería el futuro. Dejó en ese instante de reparar en astrolabios, en la lejanía absurda de los astros, en espejos melancólicos, en portarretratos de su amada muerta, en zaguanes sombríos, en fatigados laberintos y todo lo demás. Sintió vértigo y a continuación desenfado. Contempló, en cambio, la presencia de...

Cuarentena

Amanece una vez más. Decido bajar a la calle para ver que está ocurriendo. Ya van nueve meses de un encierro estricto determinado por las autoridades sanitarias. La situación iba dentro de todo bien, pero hace unos días las cosas comenzaron a empeorar. Primero se cortó la luz y con eso el internet. Enseguida las estaciones de radio quedaron mudas. Esta última noche comprobé que afuera no había ruido alguno, todo era silencio. Mi departamento da al contrafrente y poco puedo ver desde una ventanita que rompe contra un paredón. Con luz de vela me asomé al hall. Golpeé la puerta de mis cinco vecinos de piso... nadie salió, tal vez siguen atemorizados. Por la boca de la escalera y del ascensor grité el nombre del encargado... no obtuve respuesta alguna. Volví al departamento a lavarme la cara sudorosa por el esfuerzo. Una última gota asomó del grifo. Ya ni el agua funcionaba. Fui hasta la alacena para ver que quedaba: una lata de arvejas y media botella de whisky. Me serví un vaso tomar c...

Tema: La Escuela.

. Apenas volvimos del recreo la señorita me hizo pasar al frente. Debía leer mi narración. Comencé a sudar mientras sacaba el bollo de papel donde hacía recién, en un rincón del patio, había escrito entre llantos y apuros. Las miradas burlonas de mis compañeros y la impávida de la maestra, se posaron en mí. Con la voz entrecortada inicié la lectura: « “Tema: La escuela: La escuela es un lugar que odio. No me gusta la tarea ni que me reprueben porque en casa se enojan conmigo. Como muchos saben, mi papá es policia, pero pocos saben que a veces llega borracho y nos pega a mi mamá y a mí. Al principio venía a la escuela aliviado de no estar con él en casa. Hasta que comenzaron a agredirme también en la escuela. Empezaron a decirme: “Gordo trolo, Gordo comilón y esas cosas”. Después vinieron algunas patadas en el culo, empujones, escupitajos y otras cosas. Por eso no me gusta la escuela. La señorita siempre se hace la distraída y la única vez que le conté lo que me pasaba me dijo: “...

Alcantarilla

Sentado plácidamente en el sillón leía mi novela cuando, de pronto, la mirada se desvió merced de una sombra pequeña y furtiva que fue a esconderse desaforada tras el aparador. Fui al baño de prisa a buscar el secador de pisos. Pronto llegaría mi esposa con su voz empecinada; procedí sin demoras. Le hice frente. Aún estaba ahí, no tenía escapatoria. Nos observamos con hondura. No quisiera utilizar la palabra desdoblar pero... se abrió la puerta de calle. Por debajo de las piernas de aquella mujer inicié la huida. Corrí versátil entre luces y automóviles. Sensaciones novedosas me hicieron notar que estaba actuando más cerca del instinto que de la razón. Al doblar la esquina, un gato vehemente asomó desde el recodo de la noche. Me zambullí por la alcantarilla, esa misma en la que sigo atascado.

Sacrificio

I- Apertura      Hasta hace no mucho tiempo creía que el sacrificio en el ajedrez era uno de los hechos más heroicos que podía ejecutar un individuo de la gran familia ajedrecística. ¡Hoy estoy convencido! ¡Sacrificio! ¡Sacrificio! Idea preciada, valentía de unos pocos elevados caballeros.      Para empezar, bueno sería contar la historia de uno de los más notables ajedrecistas que supo pasear su talento por estas latitudes: el excelso Gran Maestro Leoici Fircas. Aunque en verdad la Federación le retiró tal título, cosa que juzgo inoportuna.      Su carrera profesional comienza, como es sabido, mediando la década del cuarenta. En ese entonces tenía, para la documentación argentina, treinta y nueve años recién cumplidos. Poco saben que en realidad sumaba cuarententa y ocho abriles, ya contaré por que la inexactitud de la edad. El motivo de la tardía incursión en el arte del trebejo y sus ocupaciones anteriores fueron, en su...