Vereda ancha de un barrio tranquilo. El padre fijó sus ojos emocionados en los de su hijo. Era la primera vez que iba a andar en bicicleta sin las rueditas de soporte. Tras vanos intentos por fin logró mantener el equilibrio, sin necesitar de su ayuda. Pronto agrandó su radio de acción y solito fue pedaleando varios metros más. Orgulloso lo vio doblar la esquina aferrado al manubrio. Nunca más supo de él.
hay ...es terrible ..me erizo la piel
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