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Entradas

Mancha con Tigre

  Me suscité frente al caballete sin plan previo. Dejé que la mano condujera el pincel a su antojo. En la paleta propuse balbuceante gama de ocres. Pronto gran porción del lienzo fue ocupado por una mancha que tenía rasgos entre naranjas amarronados con algún relumbre amarillento. Dejé reposar el dibujo y fui a preparar café. Desde la puerta de la cocina alcancé a notar que un trozo de cola asomaba por la mancha. Entrecerré los ojos y logré adivinar que blandía, sobre tenue osatura, una víspera de tigre. Un fuerte palpito me sacudió. Algo interesante podía lograr con aquello. Comprendí que si perseveraba con algún trazo consciente y esforzado ese tigre llegaría a ser digno de museo. Contenía el sublime fulgor que desbarata los sentidos. Me dije que lo mejor sería hacer una siesta y continuarlo después, con la calma propia del descanso. Desperté entre sueños fragmentados, como atrapado en un collage de imágenes traviesas. Había en el ambiente un desconcertante olor a hierba de pr...

Dos veces, sin río

        El maestro citó aquella frase de Heráclito sobre la imposibilidad de bañarse dos veces en el mismo río. Un alumno pidió la palabra y pausadamente dijo: "Aquí en el pueblo eso es doblemente imposible ya que entre la empresa minera y los tenientes de la tierra han desviado el cauce del río hasta dejarlo seco o apenas un hilito mínimo de agua que no baña nada." Se llevaron el agua y el tiempo.

Última llamada

        La fiesta popular estuvo signada por un misterioso acontecer que colocó en alerta a todas las fuerzas vivas de Montevideo. Otro aspecto en que coincidimos los asistentes a la Isla de Flores, fue la poca luminosidad que hubo esa noche debido a una baja tensión en el tendido eléctrico.      Como muchos, llegué anticipadamente a la cita y me aseguré un lugar de lujo. Planté mi reposera pegadita al cordón de la vereda, de cara a la calle donde en breve desfilarían las comparsas. Hasta ahí no hubiese imaginado que sería testigo de algo tan aberrante y poco que ver con el carnaval. Preparé el mate y me dispuse al disfrute.      Mientras caía la noche las calles se iban llenando de chiquilines movedizos que, empapados de osadía, disparaban espuma y agua agitada desde precarios rey momos. En las azoteas se conglomeraban los vecinos privilegiados munidos, los más veteranos, de un vaso con whisky. Comenzaban, por fin, esas apr...

Melancolía

          Una noche ingresó a mi casa, no sé si por la puerta o acaso alguna ventana mal cerrada. Fue ocupando todos los rincones y sentí inmediato ahogo en el pecho. Ese fue el comienzo. Vació la heladera, la alacena, luego se echó en la cama, en mis sueños. Intenté mil modos de librarme de tal cosa; no hubo artimaña efectiva. Alguna vez nos reímos juntos, pero fue una risa que pronto se volvió convulsiva, pegajosa; fue todo todavía peor. La sensación de ahogo se incrementó descomunalmente. Tomé una decisión drástica. Aun cuando la punta fría de la bala iba perforando la frondosa masa del cerebro, no dejé de advertir que seguía ahí, acechándome hasta el último suspiro.

Bilis, acción y Barbarie

  Yo era un incipiente cronista de un periódico en expansión. En esa época andábamos animosos por recrear los sagrados hechos del devenir nacional. No era por capricho sino que corría el año del Centenario y la historia argentina era entonces apenas una colección de miscelaneas. Cada cual, desde su recinto, quería aportar. Anduve semanas indagando por los barrios antiguos de la ciudad, cuando de pronto hallé algo que podría servir. Se trataba de la última cautiva, víctima de los malones acontecidos en la segunda mitad del siglo pasado. Me confirmaron que aun vivía y tomé nota de una dirección por el barrio Barracas. Agitado y ansioso me aposté frente a una casona de dos pisos. La criada atendió mi solicitud asomándose irresoluta a la vereda. Le expliqué con pormenores la situación de mi presencia. Pareció no entenderme y con marcado pasmo en los ojos desapareció por la puerta cancel. Media hora más tarde regresó con la nueva: mañana a la hora del té lo espera la señora. Al día ...

Como te ven te tratan

 Cuando despertó, Mirtha Legrand todavía estaba en la televisión.      Estoy viviendo las horas más difíciles, esas que uno jamás cree que vayan a ocurrir. Pero así son las cosas. Una multitud de personas la acompañan arrojando rosas rococó rosado por la avenida Libertador hacia el lado norte de la ciudad. Pareciera ir por una eterna alfombra roja directo a su morada definitiva. A primera hora me aposté con unos binoculares desde la vereda enfrentada a su casa para comprobar la noticia. No pude resistir tanta verdad y regresé a mi departamento de Almagro a llorarla en solitario. Mi único consuelo fue saber que falleció en su cama rodeada de objetos y recuerdos preciados, tal como había ordenado.      Cuando murió mamá sentí la misma tristeza desoladora y a poco estuve de cometer una locura. Recuerdo perfectamente el combo de pastillas que me había preparado para acabar con todo; estaba vacío. Lo decidí el mismísimo día del entierro. Antes preparé ...

Ojos de muñeca

   a Emma Wolf    Mi hija era distante y misteriosa. No adoraba jugar con muñecas. Las coleccionaba en un estante alto de su habitación, no sin antes arrancarle cuidadosamente los ojos. La docena de muñecas ciegas me producía una sombría sensación cada vez que abandonaba su cuarto. En una oportunidad tomé coraje y la encaré. "No me gusta como me miran", fue su respuesta.      Una tarde me apersoné hasta la tienda de muñecas ubicada por el centro para comprar una; una no: la más resistente. "Con ojos de acero, si tiene", requerí. Regresé a casa y, ganado por la ansiedad, enseguida se la llevé a su habitación. La observó un rato con cierto desdén. Las dejé solas.      A la mañana siguiente fui a despertarla. Una sonrisa enorme se me disparó cuando vi a la muñeca sentada en la cama con los dos ojos en su lugar. Mi hija estaba durmiendo de costado. Giré sobre su cama para besarle la frente dormida, cuando sentí un líquido denso y p...

Corazón

       Comencé a tirar de la cuerda, que se tensó rápidamente. Del otro lado algo ofrecía cierta resistencia. Al principio fue curiosidad, luego obstinación por saber que tenía aferrado más allá. De a ratos la tensión se incrementaba y entonces debía utilizar todas mis fuerzas. Daba la sensación que aquello, fuese lo que fuese, resistía adhiriéndose con ventosas o quién sabe. Pensaba muchas posibilidades mientras seguía jalando con ambas manos. No puedo precisar cuanto tiempo hace que estoy inmerso en este accionar, pero el sol ya ha recorrido un amplio trecho. Ahora oigo un extraño sonido que parece vibrar por el encordado y trepida entre mis manos. Mientras fulgura el pronto ocaso logro ver el final de la cuerda y justo ahí, como enganchada, una sombra pequeña que tiende a agitarse. Sumido en perplejidad la atraigo hacia mí. Al acercarme lo suficiente no puedo creer lo que observo: es aquel tonto corazón bicúspide que arrojé el otro día hacia los confines del horiz...

Truco Criollo

  Mientras saboreo una gaseosa de naranja ingresa el forastero. Se acoda a la barra y pide ginebra. El Chino Villa lo observa moroso sentado desde una mesa fondera. No tardan en cruzarse las miradas, tal vez producto de un chistido previo que nadie oyó. No se percibe rencor en el Chino Villa ni miedo en el forastero. Si que hay una deuda impaga, dinero o algún favor no correspondido. Termina la ginebra, levanta una ceja y, con parsimonia, se acerca a la mesa del Chino Villa. Éste desliza la mano dejando relucir cuarenta cartas españolas. El forastero arrima una silla y se sienta. Quedan ubicados frente a frente sin decir nada. Se examinan con detenimiento a la vez que las cartas son barajadas. Corta el mazo por la mitad y el otro reparte tres para cada uno. Un envido seguido de un real envido enjundioso rompen el silencio. Se me hincha la panza cuando veo que anotan los tantos con porotos secos, a la vieja usanza. Hay quien susurra que estamos presenciando una partida pendient...

Hormiga Negra

      Corro  por la mitad del otoño. El viento acerado que golpea la hojarasca logra atemorizarme. Regreso al agujero buscando refugio en el calor oblicuo de la hormiga reina. Copulamos sin licencias. Luego me asesina, como siempre.

Beso

        Envolví el beso en pétalos de rosa amarga; levemente adherido con desmesurada urgencia. Viajará montado a lomo de mariposa donde un sello postal rubrica el dorso pardo de tu corazón. Si acaso te has mudado a un lugar lejano, la mariposa será incapaz de cruzar cualquier océano y moriría ahogado e inevitable en mis labios de sal.

Viaje

       Luego de meses planeando cada detalle, por fin comencé mi viaje iniciático; ese que todo hombre debe hacer para conocerse y descubrir el mundo. Una invasión de entusiasmo y vértigo. Al llegar a la esquina, recordé que no había cerrado la llave de gas. Volví de prisa al departamento, aplazando el viaje una vez más.

Calesita

         Iba aferrado impertérrito al volante del automóvil. De pronto comprendió que los frenos no accionaban. Todo comenzó a dar vueltas. Cuando por fin se detuvo, montó a un caballito de madera que subía y bajaba acompasadamente.

Bicicleta

       Vereda ancha de un barrio tranquilo. El padre fijó sus ojos emocionados en los de su hijo. Era la primera vez que iba a andar en bicicleta sin las rueditas de soporte. Tras vanos intentos por fin logró mantener el equilibrio, sin necesitar de su ayuda. Pronto agrandó su radio de acción y solito fue pedaleando varios metros más. Orgulloso lo vio doblar la esquina aferrado al manubrio. Nunca más supo de él.

Heredero

                                                                      Sr. Gobernador: Comprendo por sus loables labores que pueda interpretar este pedido desesperado de un padre argentino como un hecho menor o de poca importancia. No lo haría si supiera lo que estoy sufriendo y lo turbio que se enmascara detrás del grueso asunto que me acongoja. No quisiera remachar el noble escudo pero acá se juegan los valores más vitales de la república, están en juego, oiga bien: Dios, Patria y Familia. No tema que no comenzaré a enumerar mis penurias para no aburrirlo... Todo comenzó cuando mi hija, mi única hija, terminó sus estudios secundarios y se anotó en una siniestra escuela de arte pictórica ubicada en la periferia de la ciudad, cerquita de eso que llamamos, no sin antes taparnos...