Por entonces era un iniciado en el periodismo deportivo, aun entusiasta y adorador de los hechos nobles. Sentado en el último asiento de la Lujanera repasaba las preguntas que había ideado para espetarle al Chueco Arismendi. Me había repasado toda su carrera. Desde esos cuatro partidos en primera hasta los épicos encuentros de las ligas provinciales. Sobraban hazañas y anécdotas. El Chueco era un jugador de la vieja escuela y por diferentes motivos su merecida fama no llegó a trascender el paso del tiempo. Muchos endilgan su fracaso al alcoholismo pero yo no hago cima sobre fenómenos unicausales Envalentonado por una causa justa me presenté ante su morada. Antes debí andar a pie seis calles de tierra, ruta adentro, y lidiar con perros cimarrones que olisqueaban a cualquier extraño, presurosos de enseñar sus colmillos. Fui recibido por la esposa. Estaba muy asombrada que un periodista se aviniera de la Capital pretendiendo entrevistar a su marido. Me alcanzó un mate dulce y ...
Pensamiento Carretel