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Memorial

           Nadie lo vio bajar de la formación del tren aquella mañana. Tampoco cuando fue bordeando lentamente el paredón en la soledad del domingo. Antes de ingresar compró un ramo nutrido de silenciosas rosas rojas. Hacía más de dos años que no concurría, impedido por la epidemia. A pesar de ello, esa sensación de no tiempo, como siempre, lo invadió enseguida. Aspirando con calma el aire húmedo y espeso del ambiente se acercó a la parcela familiar. Clavó los pies sobre una alfombra de hojarasca blanda que amortizaba los pasos. Estaba a punto de depositar sus flores en un tarro desvencijado cuando comenzó a temblarle el cuerpo al notar que los nombres de la lápida habían sido cambiados. En tal fosa ya no yacían los García, sus seres queridos, sino unos tal Pérez.      Con las flores rígidas en una de sus manos se dirigió hasta la administración del cementerio a pedir explicaciones. Un empleado le dijo que hacía muchísimos años t...

San Policarpo

  El día estaba nublado y amenazante. Me contuve de ir al centro y en cambio opté por dar un paseo hacia el gigantesco vivero municipal que, según el mapa brindado en la casilla de turismo, cubría buena parte del pueblo con color verde. Allá fui convencido en cada paso; lo hice derecho por la calle cuatro. Me iba ganando la idea de bienestar al dirigirme a un cónclave de aire puro, oxigenado por la vegetación. Rememoré las pocas veces que, siendo un bicho de ciudad como era, me había conectado fuerte con la naturaleza. A mitad de camino me topé con una manifestación de vecinos. En un primer momento me pareció más numerosa de lo que era; eran doce. Guiado por las ropas que llevaban puestas parecían pertenecer a un grupo evangélico. En sus manos llevaban encendidas pancartas y las leí. Por ese medio me enteré que pretendían modificar de nombre al pueblo por el de San Policarpo. Pregunté el motivo y uno de aquellos doce manifestantes, uno barbado y con panza prominente, me ...

Annapurna

  a mi padre      “Annapurna, Annapurna...”, fueron las últimas y predecibles palabras pronunciadas por mi padre antes de cerrar sus ojos para siempre. Numerosas veces me había referido que significaba para él ese nombre. Pero esta vez se clavó hondo la daga en mí, como una necesidad de, por fin, desentrañar que misterio había dejado abrupta huella en ese hombre que me dio la vida. Abandoné esa clínica con aquel vocablo regurgitando en la garganta. Debía actuar y desistir a mis constantes dilaciones. Al día siguiente del entierro aventuré un pasaje en micro y partí resoluto a San Martín de los Andes para, de una vez por todas, acercarme a la verdad, a la verdad que le había fisurado el alma.      A cada paso siento la obligación de descifrar que cosa ocurrió allá en el sur hace tanto tiempo y le deparó esa inmensa tristeza en la mirada. Quizás a causa de aquello se volvió un compulsivo acaparador de recuerdos y objetos como podían ser periódi...

Mancha con Tigre

  Me suscité frente al caballete sin plan previo. Dejé que la mano condujera el pincel a su antojo. En la paleta propuse balbuceante gama de ocres. Pronto gran porción del lienzo fue ocupado por una mancha que tenía rasgos entre naranjas amarronados con algún relumbre amarillento. Dejé reposar el dibujo y fui a preparar café. Desde la puerta de la cocina alcancé a notar que un trozo de cola asomaba por la mancha. Entrecerré los ojos y logré adivinar que blandía, sobre tenue osatura, una víspera de tigre. Un fuerte palpito me sacudió. Algo interesante podía lograr con aquello. Comprendí que si perseveraba con algún trazo consciente y esforzado ese tigre llegaría a ser digno de museo. Contenía el sublime fulgor que desbarata los sentidos. Me dije que lo mejor sería hacer una siesta y continuarlo después, con la calma propia del descanso. Desperté entre sueños fragmentados, como atrapado en un collage de imágenes traviesas. Había en el ambiente un desconcertante olor a hierba de pr...

Dos veces, sin río

        El maestro citó aquella frase de Heráclito sobre la imposibilidad de bañarse dos veces en el mismo río. Un alumno pidió la palabra y pausadamente dijo: "Aquí en el pueblo eso es doblemente imposible ya que entre la empresa minera y los tenientes de la tierra han desviado el cauce del río hasta dejarlo seco o apenas un hilito mínimo de agua que no baña nada." Se llevaron el agua y el tiempo.

Última llamada

        La fiesta popular estuvo signada por un misterioso acontecer que colocó en alerta a todas las fuerzas vivas de Montevideo. Otro aspecto en que coincidimos los asistentes a la Isla de Flores, fue la poca luminosidad que hubo esa noche debido a una baja tensión en el tendido eléctrico.      Como muchos, llegué anticipadamente a la cita y me aseguré un lugar de lujo. Planté mi reposera pegadita al cordón de la vereda, de cara a la calle donde en breve desfilarían las comparsas. Hasta ahí no hubiese imaginado que sería testigo de algo tan aberrante y poco que ver con el carnaval. Preparé el mate y me dispuse al disfrute.      Mientras caía la noche las calles se iban llenando de chiquilines movedizos que, empapados de osadía, disparaban espuma y agua agitada desde precarios rey momos. En las azoteas se conglomeraban los vecinos privilegiados munidos, los más veteranos, de un vaso con whisky. Comenzaban, por fin, esas apr...

Melancolía

          Una noche ingresó a mi casa, no sé si por la puerta o acaso alguna ventana mal cerrada. Fue ocupando todos los rincones y sentí inmediato ahogo en el pecho. Ese fue el comienzo. Vació la heladera, la alacena, luego se echó en la cama, en mis sueños. Intenté mil modos de librarme de tal cosa; no hubo artimaña efectiva. Alguna vez nos reímos juntos, pero fue una risa que pronto se volvió convulsiva, pegajosa; fue todo todavía peor. La sensación de ahogo se incrementó descomunalmente. Tomé una decisión drástica. Aun cuando la punta fría de la bala iba perforando la frondosa masa del cerebro, no dejé de advertir que seguía ahí, acechándome hasta el último suspiro.

Bilis, acción y Barbarie

  Yo era un incipiente cronista de un periódico en expansión. En esa época andábamos animosos por recrear los sagrados hechos del devenir nacional. No era por capricho sino que corría el año del Centenario y la historia argentina era entonces apenas una colección de miscelaneas. Cada cual, desde su recinto, quería aportar. Anduve semanas indagando por los barrios antiguos de la ciudad, cuando de pronto hallé algo que podría servir. Se trataba de la última cautiva, víctima de los malones acontecidos en la segunda mitad del siglo pasado. Me confirmaron que aun vivía y tomé nota de una dirección por el barrio Barracas. Agitado y ansioso me aposté frente a una casona de dos pisos. La criada atendió mi solicitud asomándose irresoluta a la vereda. Le expliqué con pormenores la situación de mi presencia. Pareció no entenderme y con marcado pasmo en los ojos desapareció por la puerta cancel. Media hora más tarde regresó con la nueva: mañana a la hora del té lo espera la señora. Al día ...

Como te ven te tratan

 Cuando despertó, Mirtha Legrand todavía estaba en la televisión.      Estoy viviendo las horas más difíciles, esas que uno jamás cree que vayan a ocurrir. Pero así son las cosas. Una multitud de personas la acompañan arrojando rosas rococó rosado por la avenida Libertador hacia el lado norte de la ciudad. Pareciera ir por una eterna alfombra roja directo a su morada definitiva. A primera hora me aposté con unos binoculares desde la vereda enfrentada a su casa para comprobar la noticia. No pude resistir tanta verdad y regresé a mi departamento de Almagro a llorarla en solitario. Mi único consuelo fue saber que falleció en su cama rodeada de objetos y recuerdos preciados, tal como había ordenado.      Cuando murió mamá sentí la misma tristeza desoladora y a poco estuve de cometer una locura. Recuerdo perfectamente el combo de pastillas que me había preparado para acabar con todo; estaba vacío. Lo decidí el mismísimo día del entierro. Antes preparé ...