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Siempre Lista

                                                                                                                                                                                             A Vicky     Salgo al jardín una vez más a observar el césped. Lo encuentro muy largo, murmuro, mientras se me atragantan las ganas de llorar. Me maté cocinando el pastel de papas y por mensaje de texto me acaba de avisar que no vend...

Boleto Ganador

      Abandona la gatera y se desliza por la arena al ritmo de una respiración frenética. Ahí va, tal vez, la última esperanza de ser alguien. Recorre la recta final en posición expectante. Brota la yugular que se aferra a su cuello. A metros del disco primerea cabeza a cabeza con otra potranca decidida. Asoma el talón del pie desde la alpargata gastada. Una pavorosa polvareda pospone la visión. Cae al suelo con el boleto en la mano y el corazón explotando. Más allá se alza el cartel indicador exhibiendo un triunfo por medio hocico nomás.

Aullido Prístino

     Se sacó la piel como si fuera un traje. Confiaba muy poco en los días y las noches. Ya no había mucho más por entregar ni esconder. Los balcones resultaban inalcanzables, las veredas un mozaico de neblina.      El espejo se fue transformando en una boca hambrienta, la consagración en un sueño atroz que jamás llegaría. Aun recuerda cuando en el paredón de su casa pintaron la leyenda: «Para cuando el Nobel al Sr. Aníbal». Ingresó en el almacén haciendo referencia: "Parece que el barrio clama para que mi obra sea premiada". Alguien desde el fondo retrucó: "Pero vamos che, te vimos como lo pintaste en la madrugada". Permanente hostilidad de la academia, el ninguneo de varios colegas. La máquina de escribir empastada. El cansancio de gastar seudónimos en concursos vacuos. El sueño recurrente de las luces que lo enfocan mientras ensaya, una vez más, un parloteo alucinado. El pitido del tren y el salto de las vías; una noche más en el insomnio que lo ...

Sueño Verdolaga

       Como cada verano durante mis vacaciones en la costa, alguno me llamará estructurado, acostumbro a caminar de muelle a muelle entre Santa Teresita y Mar del Tuyú. Además del ejercicio físico, que tanto bien hace, me divierte encontrar camisetas de Ferro Carril Oeste, mi equipo de toda la vida. Esta temporada sucedió algo inusual: durante una semana   consecutiva no vi a ningún turista portando la casaca verdolaga, ni siquiera un short o gorrito con el glorioso escudo.      Un vendedor de choclos me notó preocupado y preguntó si ocurría algo. Le conté la novedad y me aseguró que no conocía a ese club siendo además un fervoroso seguidor del fútbol argentino, inclusive el Nacional B. Me hundí en la arena. Nunca lo había oído nombrar, me repitió mientras se alejaba con su carro. Pasaba por la orilla un hincha de Vélez y, tras putearlo por lo bajo, lo encaré. Recalcó varias veces, ante mi insistencia, que el clásico del oeste no existía y meno...

Fuego y Lluvia

  a Lu Vodopivec          En la Isla de Borneo, un antropólogo escocés me contó una historia que al principio creí inverosímil. Yo era parte de una expedición que se contactó con un pueblo de salvajes que vivían en el corazón de la isla, rodeados de selva densa. Europa necesitaba poner luz a todo el planeta tierra y entender a sus habitantes más recónditos. El día anterior había tomado fotografías, que jamás revelaré, a los miembros destacados del poblado. Por la mañana, al calor de una hoguera me contó la historia:      Tal vez parezca una locura propia de seres primitivos, pero en el Congo septentrional, donde también estuve investigando hace unos años y el clima es muy distinto al selvático de aquí, suelen nombrar a un elemento de la comunidad con el título de Yuki Lluvia. Su única misión es hacer llover y que el pueblo no pase privaciones. Se aloja en la mejor choza, le dan los alimentos más preciados, incluso carne de búfa...

Informe KO dama

     Poco importa como llegó este documento hasta mis manos. Se han dicho muchas cosas: que me acosté con su empleada para obtener información, que era apócrifo. En fin, los periodistas están para eso, para hacer conjeturas en el aire y me resbalan. Si es cierto que hice correr el rumor y utilicé a la prensa para que aparezcan interesados. Puede verlo y comprobar que se trata de la letra de la señora Kodama. Aquí poseo la prueba fehaciente realizada por un perito caligráfico que avala lo que digo y evitará sospechas que musitan falsificaciones. Es el lado B de lo que culminó en uno de los últimos libros de Jorge Luis Borges que llevara el título de Atlas , publicado por Emece en 1984. Creo que lo que pido no es mucho, apenas un millón de dólares por tan preciado material que un coleccionista como usted sabrá valorar y guardar por el amor y veneración que siente por nuestro más célebre escritor. En cambio, si llegara a caer en otras manos, se imagina..., sería publicado de...

Niño Perdido

           Es revivirlo y, pese a que ya han pasado más de treinta años, sentir nuevamente conmoción en la piel, en la quijada de la memoria. Por primera vez voy a contar el hecho del cual fui un testigo pasivo, con la esperanza cierta de exorcizar tan amargo recuerdo. Procuraré no omitir detalles de importancia.      Todo ocurrió durante un caluroso verano en el balneario de Mar del Tuyú, la cual algunos osados no dudan en llamar: La perla del Atlántico. Pese a mi sobrada juventud, me esparcí sobre una liviana reposera a contemplar el mar. De a ratos me sumergía en una novela, creo de Soriano . De repente las personas a mi alrededor comenzaron a aplaudir efusivamente. Al alzar la cabeza comprobé que se debía a un niño extraviado en la playa, como tantas veces sucede. Tendría unos seis años, calculé, y lo llevaba un señor sobre sus hombros para mayor visualización. Pasada una media hora sin novedad alguna fue izado a mayor altura, sobre ...

Reserva Ecológica

    Florencio vivía con su madre en un oscuro departamento ubicado en las cercanías del obelisco porteño. Escapando a la rutina semanal, y tal vez de su progenitora, l os domingos y feriados se adentraba por los senderos de la Reserva Ecológica. Sus ávidas manos portaban  una caja de zapatos vacía.  Extasiado con la naturaleza, no podía dejar de avistar todo lo que estaba a su alcance. Disimuladamente escondía bichos, tierra, plantas y también piedras. Al regresar, la madre dejaba de chupar mate para recriminarle que sus extrañas colecciones hacían mucho ruido y que su pieza iba a colapsar de tanta porquería acumulada.     Ayer  la policía junto a diversas autoridades de flora y fauna derribaron la puerta del departamento. Al revisar la pieza comprobaron con pasmo que había más Reserva ahí que en la Reserva misma. Florencio, apenas notó movimientos inusuales, se dirigió sigiloso por un sendero que conducía al río. Lo hizo aferrado a su caja de zapat...

Wolf, el Sabio

  En construcción      No hay texto sin contexto. Entre los años 1492 y 1540 sucedieron cuatro hechos que serán fundamentales para que ocurriera esa conexión tan íntima entre este proto hombre y la República del Ecuador. A saber: el desembarco europeo en América, el inicio de la reforma protestante en 1517, la fundación de Quito en 1534 y la aprobación de la Companía de Jesús en 1540.      Aclaro, a lo mejor en vano, que no me mueve ni la gloria como historiador ni clavar un best seller en el mercado editorial; me basta con poner en valor la figura de quien marcó a fuego nuestro país dotándolo de un legado inmenso y que últimamente, producto del fatal descuido de las nuevas generaciones, ha sido depositado como una simple placa fría en un parque alejado o institución de segundo orden.      Gran labor realizó el biógrafo Alwin Shade hace más de cien años, no lo niego; pero cuando lo entrevistó ya se encontraba débil y olvid...

Cuarto estanco

           Una tarde regresó del colegio y no dejó que lo abrazara como de costumbre, insistí pero nunca más me lo permitió. Sin merendar siquiera fue a encerrarse a su cuarto que quedaba en los altos de la casa. Cosas de adolescentes, me dijo la madre para complacerme.     Al tiempo c omenzó a bajar con los ojos enrojecidos por esa vidriosa y obsesiva pantalla del celular que le habíamos comprado pocas semanas atrás. Pronto le noté un andar taciturno. Tenía la mirada esquiva y balbuceaba palabras vacilantes. Luego dejó de ir a la cancha, tampoco volvimos a compartir juegos de mesa que tanto nos hacían felices a carcajadas.      Un día de otoño descubrí que vociferaba frases incomprensibles: Tranevis fojta luman , repitió dos veces. Lo anoté sin que se diera cuenta y fui a buscar a google: Esloveno. Otras semanas eran frases repletas de ce hache: chino, probablemente. Comprobé entonces que podía manipular varios idiomas. ...

Varón Humboldt

           Caminaba el año 1802 cuando arriba a Quito el científico más renombrado del cosmos: el mismísimo barón, Alexander Von Humboldt. Junto a él llegó su inseparable y botánico amigo Aimé Goujaud, quien apenas pisa suelo americano se hace llamar Amado Bonpland (tr. buena planta). Les venía siguiendo los pasos, desde Bogotá, un científico sur americano y gran admirador: Francisco José de Caldas.      De una personalidad y oratoria avasallante, Humboldt se pasea de reunión en reunión cautivando a la élite quiteña. Allí conoce a Carlos Montúfar un joven apuesto, entusiasta y servicial. Caldas, en cambio, era muy católico y desapegado a las reuniones sociales. Prefería estar con Dios o investigando su colección de plantas antes de perder tiempo con humanos; se rumoreaba que además de aburrido era casto. Ambos lo acompañan en una serie de travesías por el corredor volcánico ecuatoriano, preludio del viaje colosal que planeaba hacer junto...

Ricardo por wathsapp

           Durante la semana organizamos un asado por el grupo de wathsapp. Desde lo sucedido a Ricardo no nos volvimos a juntar. Fue una muerte repentina, tan joven y absurda. Como siempre establecimos quien se encargaría de traer cada cosa. La noche anterior apareció un mensaje que alborotó a todos: "Llevo el pan" Provenía de su número. Al día siguiente comimos el asado; faltó pan.

Oeste

  Para Santi.      Llevo al menos treinta días sujeto a una cama sanitaria de hospital. Treinta días al menos sin probar alcohol, cigarrillos, sal; sin ponerme zapatos ni calzoncillos. Cada veinticuatro horas me pinchan cinco veces y empastillan otro tanto. Merodean entrecruzadas mangueras de drenaje, bolsitas colgando de ganchos; visión desperfilada. Cuando ingresé a la clínica me afirmaron que estaría internado una semana, a lo sumo diez días y ya vamos... Necesito que me dé un valor adecuado en la sangre para conseguir el alta pero éste resulta siempre esquivo. Por el único ventiluz de la habitación se acaba de posar la sombra de un pájaro que enseguida arrió contra la tarde. En un rapto abandono el ímpetu de pronta recuperación; al carajo el huésped de oblicua paciencia. Me atraviesa la anegadiza resignación que usurpa cualquier pensamiento hasta derrumbarlo, hasta dejarlo vacío. Soy esculpido por el hondo tedio de días simétricos, insulsas comidas, arbitr...