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Fuego y Lluvia

 

a Lu Vodopivec


   

    En la Isla de Borneo, un antropólogo escocés me contó una historia que al principio creí inverosímil. Yo era parte de una expedición que se contactó con un pueblo de salvajes que vivían en el corazón de la isla, rodeados de selva densa. Europa necesitaba poner luz a todo el planeta tierra y entender a sus habitantes más recónditos. El día anterior había tomado fotografías, que jamás revelaré, a los miembros destacados del poblado. Por la mañana, al calor de una hoguera me contó la historia:



    Tal vez parezca una locura propia de seres primitivos, pero en el Congo septentrional, donde también estuve investigando hace unos años y el clima es muy distinto al selvático de aquí, suelen nombrar a un elemento de la comunidad con el título de Yuki Lluvia. Su única misión es hacer llover y que el pueblo no pase privaciones. Se aloja en la mejor choza, le dan los alimentos más preciados, incluso carne de búfalo. También es provisto de siete mujeres vírgenes, creyendo que de este modo las lluvias cobran vida. Según la costumbre, están obligados a fornicar todos los días ya que de lo contrario la sequía será inminente. Vale aclarar que esta es su única actividad.

    Cuando transcurre mucho tiempo sin llover en la aldea, se dice que el Yuki Lluvia anda haraganeando y va el jefe de la tribu en persona a increparlo. También le lleva un chancho y una gallina. De ahí en más deberá cometer zoofilia, pues ante una emergencia creen que es más efectivo que riegue su simiente sobre un animal; las siete mujeres son apartadas. Si la sequía continúa, y se pierden sembradíos, llega el punto final para el Yuki Lluvia. En tanto deberán sacrificarlo por haber defraudado la esperanza de su pueblo. Le abren de un tajo la panza y esparcen los intestinos por la tierra. Acto seguido le lancean los ojos y los miembros selectos de la comunidad beben la sangre que cae por sus cuencos hurgados. Concluido el sacrificio, buscarán enseguida a un familiar cercano del Yuki Lluvia para que herede el puesto. Los familiares cercanos, en tanto, ya han huido despavoridos a esconderse por la planicie indómita. Luego de beber la sangre, que aun se derrama en la tierra, una comitiva de guerreros va tras ellos. Al primero que atrapen será el nuevo Yuki Lluvia.

    En cierta oportunidad fue capturado un joven heredero que, temeroso, alcanzó a balbucear: "Si ni siquiera puedo esconderme en la vasta planicie que nos rodea menos aun lograré hacer llover". Lloraba y uno de los perseguidores le dijo: "Si llueven tus ojos, también lograras hacer llorar al cielo". Conducido y puesto frente a la máxima autoridad para que lo designe oficialmente, el joven inquirió: No podría ser nombrado el Yuki Sol? El jefe de la tribu le dijo que ese puesto no estaba vacante ya que el Yuki Sol cumplía correctamente su trabajo pues el sol salía todos los días. El joven, ya resignado, debió aceptar el puesto encomendado sabiendo que tarde o temprano los Yuki Lluvia terminan con los intestinos afuera y los ojos perforados.



    Hoy por la mañana nos enteramos que el más viejo poblador, un hechicero borneano ha muerto. Creímos entender que nos culpabilizaron a nosotros por haberle sacado una fotografía y así también su alma. Ya arrojaron al fuego la cámara fotográfica, que se está convirtiendo en ceniza junto al astrolabio y demás aparatejos de la expedición. Ahora, mientras me aferro al crucifijo y razono que son unos ingenuos e ignorantes, están arrimando nuestros cuerpos a las llamas.

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