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Veraneo en Mardel

 

    Dejó la pala y el rastrillito para meterse a jugar entre las olas. Vino una no tan alta pero potente, comprendió tarde, cuando ya se había doblado en dos y terminó inerme contra la orilla. A partir de entonces nunca más volvió a meterme al mar. Lo observa desde la rambla, sentado en su silla de ruedas.

Comentarios

  1. Auch...super trágico! Se me fueron las ganas de meterme al mar🙄

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  2. Muy bien logrado el silencio narrativo y el final como siempre excelente🫶🏽

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  3. Excelente remate. Además temática muy actual luego de los sucesos de la ola... Es muy difícil mantener la expectativa y lograr capturar al lector entre tan breves líneas! Logradísimo,Nicolás

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Contenedor Abierto

       En la boca despejada de la noche, una sombra abre la tapa y se asoma al contenedor de basura. Entre los desperdicios distingue media hamburguesa. Doblega su anatomía lo suficiente para ingresar a buscarla. La acaricia antes de darle, pese a notarla fría y manoseada, un primer mordisco visceral. Mientras mastica alcanza a entrever, casi sepultadas, una mesa y una silla. Se sienta a terminar de cenar cuando encuentra una cocina iluminada y, por el fondo, un jardincito con el pasto recién cortado. Sale de la casa a tirar la basura para mantener el aseo. Apenas pisa la calle comprende que se ha olvidado las llaves adentro y la noche que le espera.

Souvenir

       Las tribunas, desbordadas. Partido decisivo. Un paso, apenas, para alcanzar la gloria. Tensión nerviosa y pierna fuerte. Los noventa minutos terminan empatados. Habría entonces alargue y gol de oro. Para darle aire fresco al equipo ingresa el Pichi Díaz, un juvenil de inferiores que hace su debut en primera. Al minuto, se escabulle en el área y bate al arquero. Pitazo final y campeones. La hinchada, como un tsunami de gliptodontes, invade el campo de juego buscando quedarse con un souvenir del Pichi; el nuevo ídolo. Enseguida comienzan a quitarle la ropa, incluídos los calzoncillos, hasta dejarlo completamente desnudo. Luego, lo que pocos quieren recordar: comenzamos a quitarle otras cosas. No quedó nada del Pichi. Yo, tras forcejear con varios, me llevé la mano que apretó bien fuerte para festejar el gol.

Retorno

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