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Melancolía

    

    Una noche ingresó a mi casa, no sé si por la puerta o acaso alguna ventana mal cerrada. Fue ocupando todos los rincones y sentí inmediato ahogo en el pecho. Ese fue el comienzo. Vació la heladera, la alacena, luego se echó en la cama, en mis sueños. Intenté mil modos de librarme de tal cosa; no hubo artimaña efectiva. Alguna vez nos reímos juntos, pero fue una risa que pronto se volvió convulsiva, pegajosa; fue todo todavía peor. La sensación de ahogo se incrementó descomunalmente. Tomé una decisión drástica. Aun cuando la punta fría de la bala iba perforando la frondosa masa del cerebro, no dejé de advertir que seguía ahí, acechándome hasta el último suspiro.

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Contenedor Abierto

       En la boca despejada de la noche, una sombra abre la tapa y se asoma al contenedor de basura. Entre los desperdicios distingue media hamburguesa. Doblega su anatomía lo suficiente para ingresar a buscarla. La acaricia antes de darle, pese a notarla fría y manoseada, un primer mordisco visceral. Mientras mastica alcanza a entrever, casi sepultadas, una mesa y una silla. Se sienta a terminar de cenar cuando encuentra una cocina iluminada y, por el fondo, un jardincito con el pasto recién cortado. Sale de la casa a tirar la basura para mantener el aseo. Apenas pisa la calle comprende que se ha olvidado las llaves adentro y la noche que le espera.

Souvenir

       Las tribunas, desbordadas. Partido decisivo. Un paso, apenas, para alcanzar la gloria. Tensión nerviosa y pierna fuerte. Los noventa minutos terminan empatados. Habría entonces alargue y gol de oro. Para darle aire fresco al equipo ingresa el Pichi Díaz, un juvenil de inferiores que hace su debut en primera. Al minuto, se escabulle en el área y bate al arquero. Pitazo final y campeones. La hinchada, como un tsunami de gliptodontes, invade el campo de juego buscando quedarse con un souvenir del Pichi; el nuevo ídolo. Enseguida comienzan a quitarle la ropa, incluídos los calzoncillos, hasta dejarlo completamente desnudo. Luego, lo que pocos quieren recordar: comenzamos a quitarle otras cosas. No quedó nada del Pichi. Yo, tras forcejear con varios, me llevé la mano que apretó bien fuerte para festejar el gol.

Retorno

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