Sale
del camino y se acerca al bosque. Sin prisa atraviesa la primer
hilera de árboles. Recibe, como una retahíla, el aire húmedo que
se despoja de la hojarasca. Sube por las pantorrillas y le sacude el cabello fértil. Pretende anidarse en su pecho. Por el espacio que hay entre sus dedos, se desparrama. El niño sigue explorando, inmerso, curioso. El
intento de un susurro, que pronto ignora, procura acariciarle el
rostro. Al rato se cansa o tiene hambre y abandona el lugar sin entender lo que ha sucedido, sin sospechar que lo esperará en otra
ocasión, en otro bosque.
En la boca despejada de la noche, una sombra abre la tapa y se asoma al contenedor de basura. Entre los desperdicios distingue media hamburguesa. Doblega su anatomía lo suficiente para ingresar a buscarla. La acaricia antes de darle, pese a notarla fría y manoseada, un primer mordisco visceral. Mientras mastica alcanza a entrever, casi sepultadas, una mesa y una silla. Se sienta a terminar de cenar cuando encuentra una cocina iluminada y, por el fondo, un jardincito con el pasto recién cortado. Sale de la casa a tirar la basura para mantener el aseo. Apenas pisa la calle comprende que se ha olvidado las llaves adentro y la noche que le espera.
muy bueno
ResponderEliminarArte 🎨
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