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Arquetipo

              Esta historia la oí en el Café Brasilero , uno de los bares más antiguos de Montevideo. Hubiese sido preferible que la escuchara Eduardo Galeano, pero ya había fallecido hacía años. En una de las mesas contiguas alguien comenzó a contar que un amigo veía a su hijo correr y patear una pelota imaginaria por toda la casa. El botija hacía gestos inestables y festejaba goles de cara a las paredes. El padre siempre le regalaba libros y juego didácticos. Sin embargo, para ese cumpleaños eligió comprarle una pelota de cuero profesional. El hijo la agarró no muy convencido y se fue a jugar al patio del fondo. Al otro día el padre volvió de la oficina y encontró la pelota abandonada en un rincón y a su hijo jugando nuevamente con la otra. Se le paró enfrente e indagó: ¿Qué ocurre que no usas la que te regalé? El hijo levantó apenas los hombros anticipando su respuesta: Es muy bonita papá, pero ésta es más liviana y la domino mejor.

Pirabuelos

           Mi abuela era una mujer más bien callada, diría taciturna, pero había un tema que le inflamaba el pecho y de su boca salían palabras a borbotones. Todos los veranos de mi niñez iba a visitarla y le pedía que me contara aquello que había sucedido hacía mucho tiempo en el pueblo. Apenas entrelazaba las primeras frases su mirada se volvía brillosa y ahí nomás cambiaba radicalmente su ánimo. En cada relato iba agregando nuevos matices a los hechos y eso generaba una total atención de mi parte; como si fuera la primera vez que lo oía.      Aquella madrugada desbordó la represa situada río arriba a causa de precipitaciones inauditas que fisuraron parte de su estructura. El agua fue tapando los finos pastizales de las orillas. Luego se arrastró en torno a campos aledaños hasta alcanzar los barrios bajos; los habitados por pescadores, por gente humilde que sueña con suaves remadas. Pronto el casco urbano avizoró una leve onda del lí...

Erunt Omnia

     Aquel viernes por la tarde apuré los pasos hasta la biblioteca municipal esperanzado en obtener lectura fresca para el fin de semana. Pretendí una novela de esas que atrapan. Noté de inmediato que los libros, de la A hasta la Z, eran todos escritos por Borges. También apareció inscripto su caprichoso apellido en los anaqueles de ciencia, historia, jardinería, senderismo, etc. Fui a realizar la debida queja. La hermética respuesta del bibliotecario me desconcertó aun más. Completé una retirada sencilla como silenciosa.      La semana siguiente ocurrió otro hecho que volvió a dejarme azorado. La calle Serrano era ahora totalmente Borges. Doblé por Gurruchaga, que acaso pronto también sería Borges. Vi gatos y perros a los que, sin dubitar, sus dueños vociferaban Borges. Comprendí que no faltaría mucho para que todo se denominara Borges: las dos orillas del Riachuelo, el bajo Saavedra, la desprolija correntada del arroyo Maldonado, las carteleras ajad...

Batalla Final

  Armó la estrategia de defensa en segundos. Los soldados con fusil al frente. El resto, incluidas tapitas de gaseosa y hasta un pomo de plasticola, a la retaguardia. Se trataba de un enemigo apoyado por fuerzas vivas interplanetarias. Cuando la madre ingresó a la habitación observó todo desordenado y una carta. Allí se enteró que su único hijo, con apenas ocho años, era un General y había sido tomado prisionero. Nunca más sabría de él.

Chirolita

      En el viejo Canal 9 de la  televisión argentina un famoso ventrílocuo fuma con glamour. Al mismo tiempo, sentado sobre una de sus rodillas, un muñeco habla. Impacto visual interesante pues ambos lucen idéntico vestuario. El atractivo del show radica en que el hombre, formal y culto, le enseña buenas costumbres al muñeco que simula ser un muchacho caprichoso y atrevido. Finaliza el acto. Aplausos.      E l dueño del canal y un joven actor se besan apasionadamente mientras ingresan a un camerino que piensan vacío. No se percatan que, en un rincón, Chirolita camina en círculos a la vez que enciende lo más pancho un cigarrillo. Chasman yace inanimado, también en calzoncillos, sobre un taburete. El muñeco, alertado por los ululantes gemidos, gira su cabeza maché y les clava sus ojos ambarinos. Todos  comprenden, mientras se suben los pantalones, que mantener silencio es la mejor opción.

Retorno

  El hombre pudo vencer sus temores y abandonó las cuevas. Fue entonces cuando admiró estrellas, ideó dioses, mitigó piedras, elevó ciudades, flotó océanos, acuñó monedas, coloreó lienzos, procuró el amor, anheló desmesura, suspiró poesía, fabricó artilugios, animó guerras, derrochó champagne y calentó pan duro. En este preciso momento, encerrado en una habitación sombría, alguien observa el techo desde su cama sin poder dormir.

Jesús de Flores

     Al Papa Francisco y a mi hermano.               Esa tarde otoñal crucé la plaza Flores como hacía todos los días cuando, de pronto, lo descubrí. Me conmovió de inmediato hasta lo más hondo. Su mirada bondadosa, la barba crecida y el pelo revuelto. Tenía el torso desnudo y flaco hasta exponer, salientes, las costillas. Una especie de pantalón raído cubría sus partes pudendas. Costras como llagas acariciaban sus manos y también sus pies descalzos.      Recordé que de niño, cuando fui monaguillo, lo veía clavado en la cruz y me provocaba cierto cosquilleo en todo el cuerpo. No podía dejar de observarlo. Entusiasta entonaba repetidas veces la oración del padrenuestro y ayudaba solícito al sacerdote con la ceremonia de la misa. También me encargaba de recolectar y contar uno a uno los billetes que donaban los fieles. Creo que ahí nació mi vocación.      Esa misma noche cociné unos corna...

Siempre Lista

                                                                                                                                                                                             A Vicky     Salgo al jardín una vez más a observar el césped. Lo encuentro muy largo, murmuro, mientras se me atragantan las ganas de llorar. Me maté cocinando el pastel de papas y por mensaje de texto me acaba de avisar que no vend...

Boleto Ganador

      Abandona la gatera y se desliza por la arena al ritmo de una respiración frenética. Ahí va, tal vez, la última esperanza de ser alguien. Recorre la recta final en posición expectante. Brota la yugular que se aferra a su cuello. A metros del disco primerea cabeza a cabeza con otra potranca decidida. Asoma el talón del pie desde la alpargata gastada. Una pavorosa polvareda pospone la visión. Cae al suelo con el boleto en la mano y el corazón explotando. Más allá se alza el cartel indicador exhibiendo un triunfo por medio hocico nomás.

Aullido Prístino

     Se sacó la piel como si fuera un traje. Confiaba muy poco en los días y las noches. Ya no había mucho más por entregar ni esconder. Los balcones resultaban inalcanzables, las veredas un mozaico de neblina.      El espejo se fue transformando en una boca hambrienta, la consagración en un sueño atroz que jamás llegaría. Aun recuerda cuando en el paredón de su casa pintaron la leyenda: «Para cuando el Nobel al Sr. Aníbal». Ingresó en el almacén haciendo referencia: "Parece que el barrio clama para que mi obra sea premiada". Alguien desde el fondo retrucó: "Pero vamos che, te vimos como lo pintaste en la madrugada". Permanente hostilidad de la academia, el ninguneo de varios colegas. La máquina de escribir empastada. El cansancio de gastar seudónimos en concursos vacuos. El sueño recurrente de las luces que lo enfocan mientras ensaya, una vez más, un parloteo alucinado. El pitido del tren y el salto de las vías; una noche más en el insomnio que lo ...

Sueño Verdolaga

       Como cada verano durante mis vacaciones en la costa, alguno me llamará estructurado, acostumbro a caminar de muelle a muelle entre Santa Teresita y Mar del Tuyú. Además del ejercicio físico, que tanto bien hace, me divierte encontrar camisetas de Ferro Carril Oeste, mi equipo de toda la vida. Esta temporada sucedió algo inusual: durante una semana   consecutiva no vi a ningún turista portando la casaca verdolaga, ni siquiera un short o gorrito con el glorioso escudo.      Un vendedor de choclos me notó preocupado y preguntó si ocurría algo. Le conté la novedad y me aseguró que no conocía a ese club siendo además un fervoroso seguidor del fútbol argentino, inclusive el Nacional B. Me hundí en la arena. Nunca lo había oído nombrar, me repitió mientras se alejaba con su carro. Pasaba por la orilla un hincha de Vélez y, tras putearlo por lo bajo, lo encaré. Recalcó varias veces, ante mi insistencia, que el clásico del oeste no existía y meno...

Fuego y Lluvia

  a Lu Vodopivec          En la Isla de Borneo, un antropólogo escocés me contó una historia que al principio creí inverosímil. Yo era parte de una expedición que se contactó con un pueblo de salvajes que vivían en el corazón de la isla, rodeados de selva densa. Europa necesitaba poner luz a todo el planeta tierra y entender a sus habitantes más recónditos. El día anterior había tomado fotografías, que jamás revelaré, a los miembros destacados del poblado. Por la mañana, al calor de una hoguera me contó la historia:      Tal vez parezca una locura propia de seres primitivos, pero en el Congo septentrional, donde también estuve investigando hace unos años y el clima es muy distinto al selvático de aquí, suelen nombrar a un elemento de la comunidad con el título de Yuki Lluvia. Su única misión es hacer llover y que el pueblo no pase privaciones. Se aloja en la mejor choza, le dan los alimentos más preciados, incluso carne de búfa...

Informe KO dama

     Poco importa como llegó este documento hasta mis manos. Se han dicho muchas cosas: que me acosté con su empleada para obtener información, que era apócrifo. En fin, los periodistas están para eso, para hacer conjeturas en el aire y me resbalan. Si es cierto que hice correr el rumor y utilicé a la prensa para que aparezcan interesados. Puede verlo y comprobar que se trata de la letra de la señora Kodama. Aquí poseo la prueba fehaciente realizada por un perito caligráfico que avala lo que digo y evitará sospechas que musitan falsificaciones. Es el lado B de lo que culminó en uno de los últimos libros de Jorge Luis Borges que llevara el título de Atlas , publicado por Emece en 1984. Creo que lo que pido no es mucho, apenas un millón de dólares por tan preciado material que un coleccionista como usted sabrá valorar y guardar por el amor y veneración que siente por nuestro más célebre escritor. En cambio, si llegara a caer en otras manos, se imagina..., sería publicado de...

Niño Perdido

           Es revivirlo y, pese a que ya han pasado más de treinta años, sentir nuevamente conmoción en la piel, en la quijada de la memoria. Por primera vez voy a contar el hecho del cual fui un testigo pasivo, con la esperanza cierta de exorcizar tan amargo recuerdo. Procuraré no omitir detalles de importancia.      Todo ocurrió durante un caluroso verano en el balneario de Mar del Tuyú, la cual algunos osados no dudan en llamar: La perla del Atlántico. Pese a mi sobrada juventud, me esparcí sobre una liviana reposera a contemplar el mar. De a ratos me sumergía en una novela, creo de Soriano . De repente las personas a mi alrededor comenzaron a aplaudir efusivamente. Al alzar la cabeza comprobé que se debía a un niño extraviado en la playa, como tantas veces sucede. Tendría unos seis años, calculé, y lo llevaba un señor sobre sus hombros para mayor visualización. Pasada una media hora sin novedad alguna fue izado a mayor altura, sobre ...

Reserva Ecológica

    Florencio vivía con su madre en un oscuro departamento ubicado en las cercanías del obelisco porteño. Escapando a la rutina semanal, y tal vez de su progenitora, l os domingos y feriados se adentraba por los senderos de la Reserva Ecológica. Sus ávidas manos portaban  una caja de zapatos vacía.  Extasiado con la naturaleza, no podía dejar de avistar todo lo que estaba a su alcance. Disimuladamente escondía bichos, tierra, plantas y también piedras. Al regresar, la madre dejaba de chupar mate para recriminarle que sus extrañas colecciones hacían mucho ruido y que su pieza iba a colapsar de tanta porquería acumulada.     Ayer  la policía junto a diversas autoridades de flora y fauna derribaron la puerta del departamento. Al revisar la pieza comprobaron con pasmo que había más Reserva ahí que en la Reserva misma. Florencio, apenas notó movimientos inusuales, se dirigió sigiloso por un sendero que conducía al río. Lo hizo aferrado a su caja de zapat...

Wolf, el Sabio

  En construcción      No hay texto sin contexto. Entre los años 1492 y 1540 sucedieron cuatro hechos que serán fundamentales para que ocurriera esa conexión tan íntima entre este proto hombre y la República del Ecuador. A saber: el desembarco europeo en América, el inicio de la reforma protestante en 1517, la fundación de Quito en 1534 y la aprobación de la Companía de Jesús en 1540.      Aclaro, a lo mejor en vano, que no me mueve ni la gloria como historiador ni clavar un best seller en el mercado editorial; me basta con poner en valor la figura de quien marcó a fuego nuestro país dotándolo de un legado inmenso y que últimamente, producto del fatal descuido de las nuevas generaciones, ha sido depositado como una simple placa fría en un parque alejado o institución de segundo orden.      Gran labor realizó el biógrafo Alwin Shade hace más de cien años, no lo niego; pero cuando lo entrevistó ya se encontraba débil y olvid...