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La Cosa

 

    En el tallo fértil de la noche, un grito irrumpió en el dormitorio matrimonial. Provenía desde el cuarto de su pequeño hijo. Abandonaron el codicioso laberinto carnal en que se encontraban para acudir lo antes posible. Había visto algo peludo moverse y estaba aterrado. Para tranquilizarlo revisaron bajo la cama, el interior del ropero, tras las cortinas, en la caja con juguetes. Ante tamaña evidencia, el hijo fue calmándose hasta quedar dormido. Regresaron rendidos al dormitorio matrimonial. Ninguno de los dos padres supo, ni siquiera imaginaron, que ya la tenía oculta adentro, para siempre.

Comentarios

  1. Que final...quizás deberían haberle preguntado al niño.🤗

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Retorno

  El hombre pudo vencer sus temores y abandonó las cuevas. Fue entonces cuando admiró estrellas, ideó dioses, mitigó piedras, elevó ciudades, flotó océanos, acuñó monedas, coloreó lienzos, procuró el amor, anheló desmesura, suspiró poesía, fabricó artilugios, animó guerras, derrochó champagne y calentó pan duro. En este preciso momento, encerrado en una habitación sombría, alguien observa el techo desde su cama sin poder dormir.

Arquetipo

           Esta historia la oí en el Café Brasilero , uno de los bares más antiguos de Montevideo. Hubiese sido preferible que la escuchara Eduardo Galeano, pero ya había fallecido hacía años. En una de las mesas contiguas alguien comenzó a contar que un amigo veía a su hijo correr y patear con cierta destreza una pelota imaginaria por toda la casa. El botija hacía gestos inestables y festejaba goles de cara a las paredes. El padre siempre le regalaba libros y juego didácticos. Sin embargo para ese cumpleaños eligió comprarle una pelota de cuero profesional. El hijo la agarró no muy convencido y se fue a jugar al patio del fondo. Al otro día el padre volvió de la oficina y encontró la pelota quieta en un rincón y a su hijo jugando nuevamente con la otra. Se le paró enfrente e indagó: ¿ Qué ocurre que no usas la que te regalé? El hijo levantó apenas los hombros anticipando su respuesta: Es muy bonita papá, pero ésta es más liviana y la domino mejor.

Souvenir

       Las tribunas, desbordadas. Partido decisivo. Un paso, apenas, para alcanzar la gloria. Tensión nerviosa y pierna fuerte. Los noventa minutos terminan empatados. Habría entonces alargue y gol de oro. Para darle aire fresco al equipo ingresa el Pichi Díaz, un juvenil de inferiores que hace su debut en primera. Al minuto, se escabulle en el área y bate al arquero. Pitazo final y campeones. La hinchada, como un tsunami de gliptodontes, invade el campo de juego buscando quedarse con un souvenir del Pichi; el nuevo ídolo. Enseguida comienzan a quitarle la ropa, incluídos los calzoncillos, hasta dejarlo completamente desnudo. Luego, lo que pocos quieren recordar: comenzamos a quitarle otras cosas. No quedó nada del Pichi. Yo, tras forcejear con varios, me llevé la mano que apretó bien fuerte para festejar el gol.