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Recompensa

 


Enseguida pegamos carteles en decenas de postes y negocios del barrio. Su foto más reciente, su gracioso nombre, la palabra gratificaré y números telefónicos de contacto. De regreso al departamento nos topamos con el silencio más tremendo. Faltaban torpes saltos de baba, topetazos en la cintura y agitados bufidos repletos de sumisa emoción. Aun quedaba presente su hedor en el sillón, en las frazadas; inclusive trepando por las paredes.

Al otro día hubo una serie de llamados, varios falsos, de inescrupulosos que solo pretendían cobrar la recompensa. Mientras tanto seguíamos juntando pelos, lagañas secas y restos de huesos astillados que iban apareciendo por los rincones más intrincados del departamento. Esa tarde me hubiera tocado a mí darle el agotador paseo para restarle energía y que depusiera sus acaloradas necesidades fisiológicas.

Por la noche bajamos a la calle y comenzamos a despegar todos los carteles que terminaron arrojados en tachos de basura. Luego fuimos a cenar en familia a la pizzería de la esquina.

Comentarios

  1. Y si el ser humano deja mucho que desear

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  2. La resilencia del ser humano frente a la deshumanizacion. Me encanto.

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  3. Si lees este comentario es porque te gusta que lean el tuyo.

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