Poco importa como llegó este documento hasta mis manos. Se han dicho muchas cosas: que me acosté con su empleada para obtener información, que era apócrifo. En fin, los periodistas están para eso, para hacer conjeturas en el aire y me resbalan. Si es cierto que hice correr el rumor y utilicé a la prensa para que aparezcan interesados. Puede verlo y comprobar que se trata de la letra de la señora Kodama. Aquí poseo la prueba fehaciente realizada por un perito caligráfico que avala lo que digo y evitará sospechas que musitan falsificaciones. Es el lado B de lo que culminó en uno de los últimos libros de Jorge Luis Borges que llevara el título de Atlas, publicado por Emece en 1984. Creo que lo que pido no es mucho, apenas un millón de dólares por tan preciado material que un coleccionista como usted sabrá valorar y guardar por el amor y veneración que siente por nuestro más célebre escritor. En cambio, si llegara a caer en otras manos, se imagina..., sería publicado de inmediato y el universo entero conocería detalles e intimidades poco convenientes para la tallada fama de Borges.
Encontrará por ejemplo, y no solo eso, versos dictados por él mismo en uno de sus últimos viajes, tal vez entre India y Egipto, con la impunidad que otorga la vejez. Ya en los diarios póstumos de Bioy quedó al descubierto como utilizaba la picaresca en versos que nunca verían la luz, que solo vociferaba en su círculo íntimo.
Le voy a mostrar unos fragmentos nomas, no sea cosa que memorice todo y se arrepienta. En esta estrofa que le voy a recitar se nota la inconfundible economía sintáctica que cultivaba al imponer sus versos. Oiga bien que no repito:
Una tarde fui a la casa
del chilote Pablo Neruda
me enseñó algunos versos
y su gran pija peluda
No se esperaba un Borges tan guarango, no me diga. No es robado, pare con eso. Le voy a decir para que no desvíe el tema: fue hallado en una carterita que María Kodama olvidó en un armario. También había en su interior un paquete de pastillas de menta por la mitad que, se sabe, eran su debilidad. Tal vez fue su último paquete. Si quiere se lo dejo en dólares diez mil. No se ponga así ni genere dudas infundadas. Recuerde el caos que había en la Fundación tras su muerte. Más allá del valor comercial, este informe de viaje no revelado tiene un valor artístico y cultural pocas veces visto. Mire que tengo otros compradores, no sea zonzo. Escuche esto:
En el puerto de Tokinawa, luego de comer fritanga de mariscos, Borges me indicó que anotara los siguientes anagramas de políticos argentinos: Roca: Caro / Belgrano: Grabenlo / Lavalle: Llevala / Dorrego: Regordo / Perón: Poner - Perno / Alfonsín: Inflanos / Alberdi: Liberad / Sarmiento: Mentirosa / Saavedra: Vadearas
Le han causado gracia, no es para menos. Anoche me mataba de risa en la cama mientras los leía. Voy a mostrarle un tercer momento para convencerlo. Note el modesto desparpajo emotivo con que suelta estos versos:
En la bosta noche en que te has ido
quedé abandonado como perro sarnoso
ladrando que en breve todo será olvido
repitiendo designios de pasado horroroso
regreso a casa portando el desamor
paso al baño a saludar al monseñor
Como enuncia en el verdadero Atlas, Kodama debía describirle el mundo pues se trataba de un ciego, del viaje de un ciego. Lea lo que escribe acerca de su pasada por el Sahara: "Agarrados de la mano nos alejamos del grupo y del guía por la torrencial arena. Borges me confesó que tenía que evacuar el vientre. Nos alejamos aun más y, cuando nadie nos veía, alcancé a desabrocharle el pantalón. Se inclinó sosteniéndome del antebrazo y soltó un grueso excremento que cayó pesado sobre la arena. Se limpió con unas hojas de este cuaderno y sonriente me dijo: He modificado el Sahara"
Hay también una fotografía tomada por Kodama donde se lo puede ver a Borges acariciando un camello mientras le cae una pesada baba desde la comisura del labio. Lógicamente no fue incluida en el Atlas pero la conservó como un tesoro. Otro pasaje del diario de viaje o informe de Kodama es imperdible y revela conductas de contacto sexual en un Borges que no pocos creían casto:
El día que volamos en globo fue memorable. Borges gozó mucho mientras el viento raleaba su cabello. En el hotel sucedió algo inusual. Luego de ducharse, Borges se reclinó desnudo sobre la cama con un toallón todavía húmedo cubriendo sus partes íntimas. Me tendí a su lado y, con un leve movimiento de manos, sugirió que lo masajeara ahí. Yo era su esposa y no olvidé que mi origen japones es muy servicial ya que tenemos un torrente geisha en la sangre. Con ganas acaricié ese pichoncito. Su cuerpo comenzó a sacudirse lentamente. Luego de expulsar unos gotones de tinta blanquecina en mi boca quedó muy complacido y a partir de entonces esa práctica se convirtió en algo frecuente mientras viajábamos. En una ocasión, creo París o Budapest, me corrí la bombacha con la intensión de subirme arriba suyo. Cuando notó mi osadía, me dijo: "deténgase María, dulce unitaria, pues la penetración puede engendrar seres tormentosos. Debo detener la atroz seguidilla de siete generaciones de Borges varones que han sido escritores y han muerto ciegos. Yo seré el último Borges de ese absurdo linaje".
Hay además una confesión que haría temblar a varios historiadores. Una tarde tomando el té en Tokio, anota Kodama, le preguntó por qué odiaba tanto a Gardel y para jorobarlo le cantó una estrofa del tango Volver. A Borges se le cayó una lágrima arrastrada por la mejilla. Respondió con un balbuceo emocionado: "No lo odio por su música que, a pesar de algunas mariconadas, transmite sentimientos, lo odio porque tiene incrustada en su cara la sonrisa prestada del tirano". Fue más allá: supuso que Perón mandó a un agente secreto hasta la Chacarita para desenterrar los dientes de Gardel. Luego su odontólogo personal, Héctor J. Cámpora, se encargó de poner perno (ver anagrama) a cada pieza dental iniciando así un simulacro ipso facto.
Creo que con esta muestra es suficiente. Hay mucho más, creamé. ¿Cuánto me quiere dar? Ni lo sueñe, haga un esfuerzo o el mundo entero sabrá de estas páginas.
Muy bueno.
ResponderEliminarQue picaresco
ResponderEliminarMuy bueno! No sé hasta qué punto podría haber escrito algo así, pero algo que queda entre como "apostilla" en los relatos de Jorge Vaccaro sobre Borges es el pedido que el escritor le hace a un periodista molesto que lo hostigaba con su inclinación política:- "Concédame el beneficio de su ausencia", le prodigó. Memorable Borges.
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