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Ojos de muñeca

  

a Emma Wolf

  Mi hija era distante y misteriosa. No adoraba jugar con muñecas. Las coleccionaba en un estante alto de su habitación, no sin antes arrancarle cuidadosamente los ojos. La docena de muñecas ciegas me producía una sombría sensación cada vez que abandonaba su cuarto. En una oportunidad tomé coraje y la encaré. "No me gusta como me miran", fue su respuesta.

    Una tarde me apersoné hasta la tienda de muñecas ubicada por el centro para comprar una; una no: la más resistente. "Con ojos de acero, si tiene", requerí. Regresé a casa y, ganado por la ansiedad, enseguida se la llevé a su habitación. La observó un rato con cierto desdén. Las dejé solas.

    A la mañana siguiente fui a despertarla. Una sonrisa enorme se me disparó cuando vi a la muñeca sentada en la cama con los dos ojos en su lugar. Mi hija estaba durmiendo de costado. Giré sobre su cama para besarle la frente dormida, cuando sentí un líquido denso y pegadizo adhiriéndose en mis labios. Abrí las persianas de inmediato. Con estupor vi como un rayo de sol pretendía ingresar por sus cuencas vacuas.

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Arquetipo

              Esta historia la oí en el Café Brasilero , uno de los bares más antiguos de Montevideo. Hubiese sido preferible que la escuchara Eduardo Galeano, pero ya había fallecido hacía años. En una de las mesas contiguas alguien comenzó a contar que un amigo veía a su hijo correr y patear una pelota imaginaria por toda la casa. El botija hacía gestos inestables y festejaba goles de cara a las paredes. El padre siempre le regalaba libros y juego didácticos. Sin embargo, para ese cumpleaños eligió comprarle una pelota de cuero profesional. El hijo la agarró no muy convencido y se fue a jugar al patio del fondo. Al otro día el padre volvió de la oficina y encontró la pelota abandonada en un rincón y a su hijo jugando nuevamente con la otra. Se le paró enfrente e indagó: ¿Qué ocurre que no usas la que te regalé? El hijo levantó apenas los hombros anticipando su respuesta: Es muy bonita papá, pero ésta es más liviana y la domino mejor.

Retorno

  El hombre pudo vencer sus temores y abandonó las cuevas. Fue entonces cuando admiró estrellas, ideó dioses, mitigó piedras, elevó ciudades, flotó océanos, acuñó monedas, coloreó lienzos, procuró el amor, anheló desmesura, suspiró poesía, fabricó artilugios, animó guerras, derrochó champagne y calentó pan duro. En este preciso momento, encerrado en una habitación sombría, alguien observa el techo desde su cama sin poder dormir.

Contenedor Abierto

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