Dejó la pala y el rastrillito para meterse a jugar entre las olas. Vino una no tan alta pero potente, comprendió tarde, cuando ya se había doblado en dos y terminó inerme contra la orilla. A partir de entonces nunca más volvió a meterme al mar. Lo observa desde la rambla, sentado en su silla de ruedas.
Pensamiento Carretel