"Otra vez", murmuró cuando al abrir la caja fuerte comprobó que no estaba. Conteniendo cierta resignación pasó un trapo húmedo para eliminar todo vestigio de tierra. Sin prisa fue a la calle y tomó un taxi con rumbo al cementerio. Al llegar se dirigió a la tumba de su esposo. Agachada excavó hasta dar con el cajón. Luego levantó la tapa para, una vez más, arrebatarle el anillo de casados.
Esta historia la oí en el Café Brasilero , uno de los bares más antiguos de Montevideo. Hubiese sido preferible que la escuchara Eduardo Galeano, pero ya había fallecido hacía años. En una de las mesas contiguas alguien comenzó a contar que un amigo veía a su hijo correr y patear una pelota imaginaria por toda la casa. El botija hacía gestos inestables y festejaba goles de cara a las paredes. El padre siempre le regalaba libros y juego didácticos. Sin embargo, para ese cumpleaños eligió comprarle una pelota de cuero profesional. El hijo la agarró no muy convencido y se fue a jugar al patio del fondo. Al otro día el padre volvió de la oficina y encontró la pelota abandonada en un rincón y a su hijo jugando nuevamente con la otra. Se le paró enfrente e indagó: ¿Qué ocurre que no usas la que te regalé? El hijo levantó apenas los hombros anticipando su respuesta: Es muy bonita papá, pero ésta es más liviana y la domino mejor.
Me encanta cuando abrís...como decía Cortazar en aquella entrevista en blanco y negro, sobre sus fotos en la heladera...una línea bajaba desde las fotos de arriba hasta las de abajo, fotos de distinta época y lugar pero unidas todas de una vez...habrá que buscar las historias y cuentos que hagan un libro?
ResponderEliminarFills, fet!
Plantar un arbre? No se...
Llibre...pot ser
Yo te tengo fe atea...
Muy bueno
ResponderEliminar🫶🫶👏🏻👏🏻👏🏻
ResponderEliminarLo que enterrado esta, mejor dejarlo asi🤗
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