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Erunt Omnia



    Aquel viernes por la tarde apuré los pasos hasta la biblioteca municipal esperanzado en obtener lectura fresca para el fin de semana. Pretendí una novela de esas que atrapan. Noté de inmediato que los libros, de la A hasta la Z, eran todos escritos por Borges. También apareció inscripto su caprichoso apellido en los anaqueles de ciencia, historia, jardinería, senderismo, etc. Fui a realizar la debida queja. La hermética respuesta del bibliotecario me desconcertó aun más. Completé una retirada sencilla como silenciosa.

    La semana siguiente ocurrió otro hecho que volvió a dejarme azorado. La calle Serrano era ahora totalmente Borges. Doblé por Gurruchaga, que acaso pronto también sería Borges. Vi gatos y perros a los que, sin dubitar, sus dueños vociferaban Borges. Comprendí que no faltaría mucho para que todo se denominara Borges: las dos orillas del Riachuelo, el bajo Saavedra, la desprolija correntada del arroyo Maldonado, las carteleras ajadas de Constitución...

    Cansado de tanto andar, retorné al departamento. Mientras me desprendía los zapatos observé el espejo del cuarto y, con torpe estupor, vi abalanzarse la figura de un anciano que balbuceando me nombraba.

Comentarios

  1. Hola, me gustó. Da para hacerlo un poquito más extenso con más intrigas. Y en el final hablas en plural (vimos abalanzarse) e iría Vi
    Un abrazo 🤗

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  2. Capaz al final, cuando retorno al departamento, lo hizo acompañado y fue su inconsciente que puso vimos..🫢

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Arquetipo

              Esta historia la oí en el Café Brasilero , uno de los bares más antiguos de Montevideo. Hubiese sido preferible que la escuchara Eduardo Galeano, pero ya había fallecido hacía años. En una de las mesas contiguas alguien comenzó a contar que un amigo veía a su hijo correr y patear una pelota imaginaria por toda la casa. El botija hacía gestos inestables y festejaba goles de cara a las paredes. El padre siempre le regalaba libros y juego didácticos. Sin embargo, para ese cumpleaños eligió comprarle una pelota de cuero profesional. El hijo la agarró no muy convencido y se fue a jugar al patio del fondo. Al otro día el padre volvió de la oficina y encontró la pelota abandonada en un rincón y a su hijo jugando nuevamente con la otra. Se le paró enfrente e indagó: ¿Qué ocurre que no usas la que te regalé? El hijo levantó apenas los hombros anticipando su respuesta: Es muy bonita papá, pero ésta es más liviana y la domino mejor.

Retorno

  El hombre pudo vencer sus temores y abandonó las cuevas. Fue entonces cuando admiró estrellas, ideó dioses, mitigó piedras, elevó ciudades, flotó océanos, acuñó monedas, coloreó lienzos, procuró el amor, anheló desmesura, suspiró poesía, fabricó artilugios, animó guerras, derrochó champagne y calentó pan duro. En este preciso momento, encerrado en una habitación sombría, alguien observa el techo desde su cama sin poder dormir.

Contenedor Abierto

       En la boca despejada de la noche, una sombra abre la tapa y se asoma al contenedor de basura. Entre los desperdicios distingue media hamburguesa. Doblega su anatomía lo suficiente para ingresar a buscarla. La acaricia antes de darle, pese a notarla fría y manoseada, un primer mordisco visceral. Mientras mastica alcanza a entrever, casi sepultadas, una mesa y una silla. Se sienta a terminar de cenar cuando encuentra una cocina iluminada y, por el fondo, un jardincito con el pasto recién cortado. Sale de la casa a tirar la basura para mantener el aseo. Apenas pisa la calle comprende que se ha olvidado las llaves adentro y la noche que le espera.