El cordón policial arremete contra los jubilados hasta arrinconarlos sobre una porción candente de la Plaza. Cara a cara quedan una anciana y un joven policía de ojos claros. A ella le cuelga una cruz; al otro el fierro. Con venas explotando le grita su lucha; que podría ser su abuela. La oye en silencio y, a lo mejor por algún resorte emocional que lo espeja a la anciana, se le van poniendo brillosos los ojos. En el reflejo oscilante de sus miradas se arrima la palabra rebeldía, también Cristo. Parece que va a trastabillar una de sus pupilas claras. De repente, inesperado, un bastonazo que viene desde atrás le sacude el rostro a la anciana. El joven policía pestanea febril y levanta maquinalmente el suyo, apaleando a cuanto jubilado se acerca a socorrerla. Luego humo de gases, ardor, asfixia. Hoy ya no volverán a verse; tal vez el próximo miércoles...
Pensamiento Carretel