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Cruz y Fierro

       El cordón policial arremete contra los jubilados hasta arrinconarlos sobre un lateral oscuro de la Plaza. Cara a cara quedan una anciana y un joven policía de ojos claros. A ella le cuelga una cruz; al otro el fierro. Con venas candentes le explica su lucha, que podría ser su abuela. La oye en silencio y, a lo mejor por algún resorte emocional que lo espeja a la anciana, se le van poniendo brillosos los ojos. Con la boca llena le arrima la palabra pueblo, también Cristo. Parece que va a trastabillar una de sus pupilas claras. De repente, inesperado, un bastonazo que viene desde atrás le sacude el rostro a la anciana. El joven policía pestanea febril y levanta mecanicamente el suyo, apaleando a cuanto jubilado se acerca a socorrerla. Luego gases, luego nunca más se verán.

Amor Profundo -novela-

  Que haya gente que todavía se enamore, vaya y pase. Pero que además se pretendan publicar novelas de amor, eso sí que resulta inadmisible. Dueño de una editorial. I– Llegada al pueblo. Realizó mi cuerpo, del que aun tenía potestad, un lento descenso por la escalerilla plateada del ómnibus. Un frío seco se estrelló sin frenos contra mi cara. Cuando comenzaba a sospechar que la temperatura orillaba el bajo cero se aparecieron abruptos, los dos brazos grandotes de Tía Loló extendidos en dirección hacia donde me encontraba. Formuló un pronto pedido para que la abrazara con fuerza y por si acaso así lo hice, así lo intenté. Ella a la vez me abrazó con vehemencia y entonces quedé enfundado por su pecho durante varios segundos, que parecieron acariciar la silueta del minuto. Extirpó el frío sin más. Todo se sucedió en una finita plataforma de la terminal de ómnibus, ubicada por las afueras del pueblo. ...