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Siempre Lista


                                                                                                                                                        A Vicky


   Salgo al jardín una vez más a observar el césped. Lo encuentro muy largo, murmuro, mientras se me atragantan las ganas de llorar. Me maté cocinando el pastel de papas y por mensaje de texto me acaba de avisar que no vendrá. Además me nombró a su ex, que reanudaba con ella... ¡Que conchudo de mierda! Estos meses jurando que me quería, que era su pimpollito, su gran amor... Para qué nombraste esa palabra tan pura, tan noble y ahora me haces esto así de repente. Y el puto pastel de papas enfriándose en el horno. Resultaste un sorete mentiroso. Igual la culpa es mía, claro, soy engañable, soy natural... una flor de ingenua pelotuda. Tonta retonta.

    Observo aturdida esa tela araña manoseada por el rocío. Se aferra al rosal y parece resistente a todo hasta que se rompe, entonces solo quedan hilitos sueltos colgando. Siento que yo soy la que la teje para atrapar y cuando voy a hacerlos míos se destruye la suave trampa y escapan despavoridos. Camino junto a la pile que ya no usaremos para abrazarnos y hacer el amor como él tanto deseaba a pesar de la incomodidad del agua presionando las cavidades y mi gran temor por los vecinos curiosos. Le di todos los gustos, accedí a sus caprichos más pervertidos y así me paga.

    Dejá de quejarte forra de mierda y recordá que sos Delfína, el nombre que te asignaron cuando eras scout, cuando eras una jovencita que confiaba en todos. Eras fuerte y estaba atenta en ayudar al otro. "¡Alerta scout! Salude con el brazo izquierdo", firme. Jornadas donde aprendí a clavar estacas, hacer nudos, cavar pozos y tantas otras actividades candorosas.

    Mirate al espejo pedazo de estúpida; así lloras más, por duplicado. Dejo el pañuelo verde colgado en el respaldo de una silla. Upa, contestó a mi mensaje el muy forro y mañana volveré a verlo. Viene a buscar sus cosas: un libro, algunas ropas y el cepillo de dientes que metía en su boca, la misma con que decía que me amaba y luego utilizaba para besar mis labios temblorosos.

    Lealtad, abnegación y pureza... la eterna promesa scout. Manada, patrulla, líder... esos campamentos de mierda a pura estaca y lluvias inesperadas.

    Pronto voy a remover, una vez más, la tierra que ocupa el lateral de la pileta para enterrarlo junto a los otros. Así ,cuando me sumerja en el agua, podré sentir como tantas manos me acarician, me abrazan toda la piel mojada. Volveré a ser Delfína, siempre lista para ayudar náufragos desesperados. Luego, recién, cortaré el césped para que crezca fuerte y verde.

Comentarios

  1. Fuerte. Qué bueno cómo aparecen los dos planos: Dolor y reivindicación dentro de la locura. Genial.

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  2. La sumisión..el despecho.. un lugar de mujer cuestionable....muy interesante tu cuento...da para el debate

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  3. Todas hemos sido delfinas alguna vez, vivir una triste resolución que sin duda te impulsa a seguir a pesar del auto castigo...pronto se olvida , sin duda

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  4. Me ví en este cuento, me ha pasado muchas veces lo que a la protagonista y también fuí o soy scout, pues hice mi promesa pasa toda la vida. También me dolió, los enterré y luego corté el césped. Gracias por compartirlo!

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  5. La traición, una de las cosas que más duelen. Que mujer ni ha pasado por eso. Y cuando crees que no volverás a pasar por eso, porque te lo prometiste ochocientos veces, otra vez sopa.

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  6. Oh,como deseé una pileta todo este verano! Qué bueno hubiera sido poder enterrarlo así. Pero tuve hacerlo desde mi corazón hasta que apareció corriendo y vi lo que realmente es,un boludo! Gracias por tu cuento!

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Contenedor Abierto

       En la boca despejada de la noche, una sombra abre la tapa y se asoma al contenedor de basura. Entre los desperdicios distingue media hamburguesa. Doblega su anatomía lo suficiente para ingresar a buscarla. La acaricia antes de darle, pese a notarla fría y manoseada, un primer mordisco visceral. Mientras mastica alcanza a entrever, casi sepultadas, una mesa y una silla. Se sienta a terminar de cenar cuando encuentra una cocina iluminada y, por el fondo, un jardincito con el pasto recién cortado. Sale de la casa a tirar la basura para mantener el aseo. Apenas pisa la calle comprende que se ha olvidado las llaves adentro y la noche que le espera.