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Mostrando entradas de marzo, 2025

Siempre Lista

       Salgo al jardín otra vez a observar el césped. Lo encuentro muy largo, murmuro, mientras se me atragantan las ganas de llorar. Me maté cocinando el pastel de papas y por mensaje de texto me acaba de avisar que no vendrá. Además me nombró a su ex, que reanudaba con ella... ¡Que conchudo de mierda! Estos meses jurando que me quería, que era su pimpollito, su gran amor... Para qué nombraste esa palabra tan pura, tan noble y ahora me haces esto así de repente; y el puto pastel de papas enfriándose en el horno. Resultaste un sorete mentiroso. Igual la culpa es mía, claro, soy engañable, soy natural... una flor de ingenua pelotuda. Tonta retonta.      Observo aturdida esa tela araña manoseada por el rocío. Se aferra al rosal y parece resistente a todo hasta que se rompe, entonces solo quedan hilitos sueltos colgando. Siento que yo soy la que la teje para atrapar y cuando voy a hacerlos míos se destruye la suave trampa y escapan despavoridos. Camino...

Boleto Ganador

      Abandona la gatera y se desliza por la arena al ritmo de una respiración frenética. Ahí va, tal vez, la última esperanza de ser alguien. Recorre la recta final en posición expectante. Brota la yugular que se aferra a su cuello. A metros del disco primerea cabeza a cabeza con otra potranca decidida. Asoma medio pie de la alpargata gastada. Una pavorosa polvareda pospone la visión. Cae al suelo con el boleto en la mano y el corazón explotando. Más allá se alza el cartel indicador exhibiendo un triunfo por medio hocico nomás.

Aullido Prístino

       Se sacó la piel como si fuera un traje. Confiaba muy poco en los días y las noches. Ya no había mucho más por entregar ni esconder. Los balcones resultaban inalcanzables, las veredas un mozaico de neblina.      El espejo se fue transformando en una boca hambrienta, la consagración en un sueño atroz que jamás llegaría. Aun recuerda cuando en el paredón de su casa pintaron la leyenda: «Para cuando  el Nobel al Sr. Aníbal » . Ingresó en el almacén haciendo referencia: "Parece que el barrio clama para que mi obra sea premiada". Alguien desde el fondo retrucó: "Pero vamos che, te vimos como lo pintaste en la madrugada".  Permanente hostilidad de la academia, el ninguneo de varios colegas. La máquina de escribir empastada. El cansancio de gastar seudónimos en concursos vacuos. El sueño recurrente de las luces que lo enfocan mientras ensaya, una vez más, un parloteo alucinado. El pitido del tren y el salto de las vías; una noche más en el ...

Sueño Verdolaga

       Como cada verano durante mis vacaciones en la costa, alguno me llamará estructurado, acostumbro a caminar de muelle a muelle entre Santa Teresita y Mar del Tuyú. Además del ejercicio físico, que tanto bien hace, me divierte encontrar camisetas de Ferro Carril Oeste, mi equipo de toda la vida. Esta temporada sucedió algo inusual: durante una semana   consecutiva no vi a ningún turista portando la casaca verdolaga, ni siquiera un short o gorrito con el glorioso escudo.      Un vendedor de choclos me notó preocupado y preguntó si ocurría algo. Le conté la novedad y me aseguró que no conocía a ese club, él que era un fervoroso seguidor del fútbol argentino, inclusive el Nacional B. Me hundí en la arena. Nunca lo había oído nombrar, me repitió mientras se alejaba con su carro. Pasaba por la orilla un hincha de Vélez y, tras putearlo por lo bajo, lo encaré. Recalcó varias veces, ante mi insistencia, que el clásico del oeste no existía y menos ...