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Mostrando entradas de febrero, 2025

Fuego y Lluvia

  a Lu Vodopivec      En la Isla de Borneo, un antropólogo escocés me contó una historia que al principio creí inverosímil. Yo era parte de una expedición que se contactó con un pueblo de salvajes que vivían en el corazón de la isla rodeados de selva densa. Europa necesitaba poner luz a todo el planeta tierra y entender a sus habitantes más recónditos. El día anterior había tomado fotografías, que jamás revelaré, a los miembros destacados del poblado. Por la mañana, al calor de una fogata me contó la historia:      Tal vez parezca una locura propia de seres primitivos pero en el Congo septentrional, donde también estuve investigando hace unos años y el clima es muy distinto al selvático de aquí, suelen nombrar a un elemento de la comunidad con el título de Yuki Lluvia. Su única misión es hacer llover y que el pueblo no pase privaciones. Se aloja en la mejor choza, le dan los alimentos más preciados, incluso carne de búfalo. También es provis...

Informe KO dama

      Poco importa como llegó este documento hasta mis manos. Se han dicho muchas cosas: que me acosté con su empleada para obtener información, que era apócrifo. En fin, los periodistas están para eso, para hacer conjeturas en el aire y me resbalan. Si es cierto que hice correr el rumor y utilicé a la prensa para que aparezcan interesados. Puede verlo y comprobar que se trata de la letra de la señora Kodama. Aquí poseo la prueba fehaciente realizada por un perito caligráfico que avala lo que digo y evitará sospechas que musitan falsificaciones. Es el lado B de lo que culminó en uno de los últimos libros de Jorge Luis Borges que llevara el título de Atlas , publicado por Emece en 1984. Creo que lo que pido no es mucho, apenas un millón de dólares por tan preciado material que un coleccionista como usted sabrá valorar y guardar por el amor y veneración que siente por nuestro más célebre escritor. En cambio, si llegara a caer en otras manos, se imagina..., sería publ...

Niño Perdido

       Es revivirlo y, pese a que ya han pasado más de treinta años, sentir nuevamente conmoción en la piel, en la quijada de la memoria. Por primera vez voy a contar el hecho del cual fui un testigo pasivo con la esperanza cierta de exorcizar tan amargo recuerdo. Procuraré no omitir detalles de importancia.      Todo ocurrió durante un caluroso verano en el balneario de Mar del Tuyú la cual algunos osados no dudan en llamar: La perla del Atlántico. Pese a mi sobrada juventud me esparcí sobre una liviana reposera a contemplar el mar. De a ratos me sumergía en una novela, creo de Soriano . De repente las personas a mi alrededor comenzaron a aplaudir efusivamente. Al alzar la cabeza  comprobé que se debía a un niño extraviado en la playa, como tantas veces sucede. Tendría unos seis años, calculé, y lo llevaba un señor sobre sus hombros para mayor visualización. Pasada una media hora sin novedad alguna fue izado a mayor altura sobre el anaranjad...