Una tarde regresó del colegio y no dejó que lo abrazara como de costumbre, insistí pero nunca más me lo permitió. Sin merendar siquiera fue a encerrarse a su cuarto que quedaba en los altos de la casa. Cosas de adolescentes, me dijo la madre para complacerme. Al tiempo c omenzó a bajar con los ojos enrojecidos por esa vidriosa y obsesiva pantalla del celular que le habíamos comprado pocas semanas atrás. Pronto le noté un andar taciturno. Tenía la mirada esquiva y balbuceaba palabras vacilantes. Luego dejó de ir a la cancha, tampoco volvimos a compartir juegos de mesa que tanto nos hacían felices a carcajadas. Un día de otoño descubrí que vociferaba frases incomprensibles: Tranevis fojta luman , repitió dos veces. Lo anoté sin que se diera cuenta y fui a buscar a google: Esloveno. Otras semanas eran frases repletas de ce hache: chino, probablemente. Comprobé entonces que podía manipular varios idiomas. ...
Pensamiento Carretel