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Nube

 

    

    Nunca supe con qué ardid, y ya han pasado varios años, permanecí atrapado dentro de aquel cubil metálico con aroma galo. Tiemblo al recordar como sucumbió misteriosamente la descarga de ambos polos y cómo entonces, sin escapatoria, yací recluso en la astucia de sus besos. No exagero si digo que una tarde ingresó una nube entera por su desmedida boca.

    Pronto todo se confunde. Fotos, mar y risas. Un cerrojo de abrazos atravesados. Su piel inestable, también ella, se estira de vez en cuando y aparecen tibias criaturas recubiertas en arcilla. Quedo aturdido ante esas presencias fulminantes, ante sus miradas que descubro íntimas y a su vez ajenas.

    Una mañana de sol desapareció de mi mundo, del mundo que carecía y le enseñé. Con un clavo grave hundido la busco en cada esquina, en mil mujeres. Las noches inciertas se pierden sobre el cáliz implacable de la desdicha.

    Al arresto del alba abro el ojo brumoso y la advierto a mi lado, de cara a una ancha sombra perdida en el espejo. Inmóvil oigo que silban a lo lejos, ladra un perro. Trago saliva y me acomodo a la espera de un velado acontecer que presumo, no será el último.


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Arquetipo

              Esta historia la oí en el Café Brasilero , uno de los bares más antiguos de Montevideo. Hubiese sido preferible que la escuchara Eduardo Galeano, pero ya había fallecido hacía años. En una de las mesas contiguas alguien comenzó a contar que un amigo veía a su hijo correr y patear una pelota imaginaria por toda la casa. El botija hacía gestos inestables y festejaba goles de cara a las paredes. El padre siempre le regalaba libros y juego didácticos. Sin embargo, para ese cumpleaños eligió comprarle una pelota de cuero profesional. El hijo la agarró no muy convencido y se fue a jugar al patio del fondo. Al otro día el padre volvió de la oficina y encontró la pelota abandonada en un rincón y a su hijo jugando nuevamente con la otra. Se le paró enfrente e indagó: ¿Qué ocurre que no usas la que te regalé? El hijo levantó apenas los hombros anticipando su respuesta: Es muy bonita papá, pero ésta es más liviana y la domino mejor.

Retorno

  El hombre pudo vencer sus temores y abandonó las cuevas. Fue entonces cuando admiró estrellas, ideó dioses, mitigó piedras, elevó ciudades, flotó océanos, acuñó monedas, coloreó lienzos, procuró el amor, anheló desmesura, suspiró poesía, fabricó artilugios, animó guerras, derrochó champagne y calentó pan duro. En este preciso momento, encerrado en una habitación sombría, alguien observa el techo desde su cama sin poder dormir.

Contenedor Abierto

       En la boca despejada de la noche, una sombra abre la tapa y se asoma al contenedor de basura. Entre los desperdicios distingue media hamburguesa. Doblega su anatomía lo suficiente para ingresar a buscarla. La acaricia antes de darle, pese a notarla fría y manoseada, un primer mordisco visceral. Mientras mastica alcanza a entrever, casi sepultadas, una mesa y una silla. Se sienta a terminar de cenar cuando encuentra una cocina iluminada y, por el fondo, un jardincito con el pasto recién cortado. Sale de la casa a tirar la basura para mantener el aseo. Apenas pisa la calle comprende que se ha olvidado las llaves adentro y la noche que le espera.