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Mostrando entradas de octubre, 2025

Recompensa

  Enseguida pegamos carteles en decenas de postes y negocios del barrio. Su foto más reciente, su gracioso nombre, la palabra gratificaré y números telefónicos de contacto. De regreso al departamento nos topamos con el silencio más tremendo. Faltaban torpes saltos de baba, topetazos en la cintura y agitados bufidos repletos de sumisa emoción. Aun quedaba presente su hedor en el sillón, en las frazadas; inclusive trepando por las paredes. Al otro día hubo una serie de llamados, varios falsos, de inescrupulosos que solo pretendían cobrar la recompensa. Mientras tanto seguíamos juntando pelos, lagañas secas y restos de huesos astillados que iban apareciendo por los rincones más intrincados del departamento. Esa tarde me hubiera tocado a mí darle el agotador paseo para restarle energía y que depusiera sus acaloradas necesidades fisiológicas. Por la noche bajamos a la calle y comenzamos a despegar todos los carteles que terminaron arrojados en tachos de basura. Luego fuimos a cenar...

Vaquita de San Antonio

Apenas se posó en su antebrazo le tembló todo el cuerpo. Sintió enseguida el peso invisible de la suerte. Era el primer ser vivo que lo tocaba en semanas. Aun confuso pudo observar con detalle las delicadas patas y el curioso cuerpo bermellón coronado de redondelitos negros. Percibió entonces una vanidosa y obstinada quietud. Tras propinar un segundo suspiro febril le ofreció, con la palma abierta de su mano, una abrupta oscuridad; aplastándola para siempre.