Florencio vivía con su madre en un oscuro departamento ubicado en las cercanías del obelisco porteño. Escapando a la rutina semanal, y tal vez de su progenitora, los domingos y feriados se adentraba por los senderos de la Reserva Ecológica. Sus ávidas manos portaban una caja de zapatos vacía. Extasiado con la naturaleza, no podía dejar de avistar todo lo que estaba a su alcance. Disimuladamente escondía bichos, tierra, plantas y también piedras. Al regresar, la madre dejaba de chupar mate para recriminarle que sus extrañas colecciones hacían mucho ruido y que su pieza iba a colapsar de tanta porquería acumulada.
Ayer la policía junto a diversas autoridades de flora y fauna derribaron la puerta del departamento. Al revisar la pieza comprobaron con pasmo que había más Reserva ahí que en la Reserva misma. Florencio, apenas notó movimientos inusuales, se dirigió sigiloso por un sendero que conducía al río. Lo hizo aferrado a su caja de zapatos.
Muy bueno.
ResponderEliminarMuy interesante el cuento.
EliminarTe felicito Nicolas
Esta bueno nico
ResponderEliminarCuento breve y con final abierto: qué hará Florencio? El lector tendrá herramientas para conjeturar. Se aceptan sugerencias...
ResponderEliminarEstá bueno
ResponderEliminarLa exageración a pleno y un final insólito. Muy bueno!!!!
ResponderEliminarBuenisimo, como siempre
ResponderEliminarNo volvió ....
ResponderEliminarQue habrá en esa caja.
ResponderEliminarCuando veo a una persona con síndrome de Diógenes pienso lo que debe ser su casa por dentro. Quizás tengan senderos que conducen a algún lugar de esos
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