El hombre montado a su caballo fue en busca de su enemigo histórico: El Dragón. Veloz logró alcanzarlo y darle su merecido con una larga espada helada. El dragón en un quejido sordo se tumbó dentro del fuego de baba. El caballo, espectador de lujo, se reflejó en él a través de la selección natural de las especies. Enseguida se vislumbró muerto frente a ese espejo inefable.
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