S e arrima hasta el umbral de una casa antigua. Toca el timbre y espera. Alguien que no conoce se asoma por la puerta entreabierta. Lo llama por su nombre, cosa que le resulta extraña. Luego de atravesar el zaguán, arrastrando pasos temblorosos, sube por una escalera ancha de madera. Arriba hay disponibles varias habitaciones. Ingresa en aquella donde siente una fragancia dulce de mujer. Bajo la penumbra lo desviste lentamente usando manos y lengua. Paralizado la deja hacer mientras vislumbra como, entre tanto, va deslizándolo con suavidad hacia la cama. Al otro día despierta y se da cuenta enseguida que olvidó su reloj pulsera. Regresa a buscarlo. Reconoce la dirección pero, en lugar de la casa antigua, encuentra un edificio de departamentos. El encargado, mientras baldea la vereda, le asegura que no puede ser; que hace más de treinta años trabaja ahí.